Menosprecio de corte y alabanza de aldea revisado

DIEGO MARÍN A.

Da la impresión de que el jurado del Premio Logroño de Narrativa, si no la misma obra, premió en su undécima edición el mismo patrón que en la anterior ('El callejón de los silencios' de Paula Izquierdo) y en la sexta ('Reunión de amigas' de Luis del Val). Como salvedad, cabe destacar que la última, 'En el corazón de la lluvia' de Milagros Frías, es la mejor de las tres. Un personaje femenino en la encrucijada, inseguro, pero que, al final, logra valerse por sí mismo después de tomar una valiente decisión, no comprendida por sus familiares.

La mujer está adquiriendo mayor protagonismo en la literatura española actual, después de muchos años de presencia casi testimonial. Y lo obtiene de forma casi proporcional a su interés, puesto que la mujer es hoy la principal consumidora de cultura. En el caso de 'En el corazón de la lluvia', aunque la trama se desarrolla en el entorno rural, pretende ofrecer una moderna visión de la actualidad, plantea un cambio de rumbo vital de una joven divorciada que pasa de vivir y trabajar en China a apostar instintivamente por trasladarse al imaginario pueblo gallego Limia de Lemos. Allí espera encontrar una especie de tierra prometida, o al menos tranquilidad, la liberación de los prejuicios que no encuentra en las grandes ciudades.

La temática puede considerarse una revisión del tópico literario del siglo XVI 'menosprecio de corte y alabanza de aldea', también del 'locus amoenus', aunque el lector, junto a la protagonista, acaba descubriendo que hasta el supuesto paraíso esconde ciertas peculiaridades, aspectos negativos con los que hay que saber vivir, resignarse. A la narración le cuesta algunas páginas arrancar pero, después, lo cierto es que despliega una prosa fluida. Plantea, incluso, algunas reflexiones muy actuales en contra de la opinión social generalizada, como la que motiva el cambio de vida de la protagonista, en contra del qué dirán: «Venirse a España como todos los profesionales tras un 'training' en el exterior. Ganar dinero, situarse. Esas eran las expectativas. Todo lo que no fuera eso era fracasar».

Triunfar o fracasar, no hay término medio. ¿Por qué no? La protagonista parece aspirar a ese término medio, plantea un giro e, incluso, deja de fumar. En Limia de Lemos ella, que es pelirroja, de 40 años y es descrita como una «mujer inconclusa», aparece como una 'rara avis' pero se integra en un mundo idílico, casi fantástico, donde de alguna manera retorna al pasado, a la infancia. En el pueblo comienza a cultivar un huerto y adopta a un burro, un perro y un gato en una vieja casa de campo que actúa de cobijo y condena. En ese mundo ideal con trampa también aparecerá el amor, un triángulo amoroso, y la serpiente.

Hay algunas escenas crudas, violentas, que se tornan de extrema realidad de tan patéticas que resultan. Y reflexiones como la final sobre la soledad ante la muerte merecen el aplauso («Debe ser bien jodido estar solo a la hora de morir. Y si no lo es lo parece, por la extrema desolación de sentir que todo se acaba»). Esta es una novela bien narrada, que lleva a la protagonista al límite, y aunque le hace pasar por traumas que parecen arreglarse por arte de magia, cuenta con una inteligente utilización de la atmósfera, notables descripciones del entorno, de la lluvia, del barro.

 

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