UN HORROR POCO SUTIL

Mario Casas encarna a Francesc Boix, un republicano catalán que terminó preso en Mauthausen. /  LA RIOJA
Mario Casas encarna a Francesc Boix, un republicano catalán que terminó preso en Mauthausen. / LA RIOJA

Mario Casas Actor

OSKAR BELATEGUIBORJA CRESPO

Mario Casas (La Coruña, 1986) adelgazó 15 kilos para meterse en la piel de Francesc Boix, el preso republicano de Mauthausen que fue consciente del poder de las imágenes para retratar el horror de lo que allí sucedía y arriesgó su vida para esconder negativos con escenas del campo de concentración. Mar Targarona dirige una cinta que descubre el drama de los prisioneros españoles en manos de los alemanes, abandonados a su suerte por el régimen franquista, y que concluye con las imágenes documentales del auténtico Boix, el único español que testificó en el juicio de Nuremberg. Un héroe comunista que murió con 30 años y cuyo arrojo mostró al mundo las atrocidades cometidas por los nazis en los campos de exterminio.

- ¿Qué sintió cuando se puso el pijama de rayas?

- Se me saltaron las lágrimas. Llevaba meses preparando el personaje, haciendo dieta, conociendo a Francesc Boix y comprendiendo todo lo que pasaron los españoles en Mathausen. Cuando me puse el traje a rayas me hice una foto y la subí a Instagram. Fue muy impactante.

«Los actores necesitamos sufrir, los cambios físicos nos ayudan a preparar el personaje»«Hay heridas que se están abriendo de nuevo, hay que contar historias así para no olvidar lo que pasó»

- Todos esos españoles estaban más desamparados todavía que el resto de prisioneros, porque no tenían una patria que velara por ellos.

- Eran los apartados, ni tenían patria ni pertenecían a ningún sitio. Eran republicanos a los que los nazis capturaron en Francia, donde se habían exiliado. Habían perdido una guerra. Lo único bueno es que en Mathausen pasaban un poco de ellos, los alemanes no les tenían tanto odio como a los judíos. Cuando empecé a investigar y a buscar imágenes me imaginaba que todos iban a estar esqueléticos, pero los españoles comían algo más, eran 'privilegiados' que trabajaban. Como actor, a la hora de crear el personaje necesitaba introducir al espectador en ese horror, y por eso hice un cambio físico más estricto de lo necesario.

- Son muy emocionantes las imágenes documentales del final, con Boix testificando en Nuremberg y señalando a sus carceleros.

- Esa imagen es la que más me impactó. En ese momento transmite poder, lucha, carisma. Ahí entiendes el tipo que pudo ser. Fue el único que no tuvo miedo de presentarse en Nuremberg para señalar a sus captores, uno a uno con media sonrisa. Boix tiene la voz muy dulce en las grabaciones del juicio, yo he tratado de dulcificar mi voz para que se pareciera a la suya.

- ¿Volverá a hacer el esfuerzo de cambiar de peso de manera tan brutal para otra película?

- Sí. Quiero volver a hacerlo. Los actores necesitamos sufrir, los cambios físicos nos ayudan a preparar un personaje, porque te cambia la manera de vivir y de pensar. Si cambias físicamente tienes la sensación de separarte de ti para entrar en el personaje, no es que sea más fácil, pero sí más realista.

- ¿Es su papel más difícil hasta la fecha?

- Sí. Fueron unos meses muy duros, primero para bajar esos kilos, corriendo y con una dieta muy estricta, y luego para mantenerlos. Porque, además, el rodaje en Budapest, con la nieve, fue muy complicado. Ha sido el papel más difícil de mi vida e incluso me ha cambiado. Es uno de esos personajes que entran a formar parte de tu personalidad. Me ha calado muchísimo.

- ¿Esta es una película oportuna con el auge de la ultraderecha que se experimenta en toda Europa? ¿Encuentra conexiones con la actualidad?

- Sí. Hay heridas que se están abriendo ahora mismo, costuras que se rompen de nuevo. Está bien que contemos este tipo de historias para no olvidar lo que pasó. Tenemos la capacidad de olvidar enseguida, miramos hacia otro lado. Esta película recuerda algo que no debe volver a ocurrir, porque encerraban a la gente en campos de concentración por sus ideas. Nuestros padres y abuelos lucharon para conseguir los privilegios de los que gozamos hoy. Mi personaje dice una frase en la peli: «Si no lo ven, no lo creerán». Hay que ver 'El fotógrafo de Mathausen' para creer lo que un día hizo un grupo de españoles.

- Asegura usted que cada vez tiene más inseguridades como actor.

- Tengo más miedos como hombre y como actor. Ahora sé mucho más sobre el medio y mi profesión. He tocado muchos géneros y llevo delante de la cámara desde los 17 años. Y tengo 32. Sé lo difícil que es esta profesión y la oportunidad que tengo de trabajar en algo que amo. Eso me hace tenerle mucho más respeto, lo que me lleva a la exigencia y a la inseguridad. Cuando era más niño pensaba que iba a ser al revés y que iba a estar más seguro, pero no. Mira, el primer día de rodaje de 'Contratiempo', el director Oriol Paulo me preguntó qué me pasaba porque me temblaba el labio. Y llevábamos dos meses ensayando.

¿Qué se puede contar nuevo sobre el Holocausto? 'El fotógrafo de Mauthausen' demuestra que no lo sabemos todo sobre los campos de concentración, que también acogieron a españoles como Francesc Boix, cuya vida efectivamente merecía la pena llevarse al cine. Otra cosa es la mirada de la realizadora Mar Targarona, que apuesta por la brocha gorda a la hora de comunicar el horror vivido por su protagonista: la escena en que se acuesta con la prostituta pero no puede consumar el acto porque le asaltan flashbacks de los hornos crematorios es un buen ejemplo de su falta de sutilidad.

Y es una lástima, porque la cinta posee empaque de producción y un actor que crece de película en película. Mario Casas afronta con inteligencia el personaje de un pícaro que toma conciencia. Un superviviente con una misión.

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