Una generación desencantada en un país corrupto

Fernando Ramallo y Lucía Jiménez en 'Casi 40'. :: l.r./
Fernando Ramallo y Lucía Jiménez en 'Casi 40'. :: l.r.

O. BELATEGUI

'Casi 40' habla de esas pequeñas librerías que mantienen viva la llama de la cultura en muchas ciudades. Transcurre en carreteras comarcales y hoteles modestos, en una España de provincias -Segovia, Burgos, Plasencia- que parece detenida, lejos de prisas y competiciones. Sus dos protagonistas están a punto de cumplir cuarenta años pero parece que hayan vivido ochenta. Ella renunció a sus sueños de cantante y a las noches bohemias para fundar una familia burguesa; él sigue viviendo de las rentas de la nostalgia y el pasado, incapaz de superar el primer amor, que como cantaba Rod Stewart es el que deja el corte más profundo.

Suenan varias canciones completas en boca de Lucía Jiménez en esta agridulce road movie, que certifica el desencanto de una generación cercana a los 40 que se adivina sin futuro. David Trueba no es cruel con sus personajes, pero sí con un paisaje de fondo desesperanzado y amargo, un país en el que los mandos a distancia de los hoteles no tienen pilas porque las han robado. «La gente va al gimnasio pero no lee un libro o un periódico en su puta vida», suelta el personaje de Fernando Ramallo en una película autoconscientemente 'viejuna', con diálogos que a veces rechinan por literarios, pero que rezuma sabiduría y humanismo por los cuatro costados.

 

Fotos

Vídeos