A quitarle el manto a San Lorenzo

A quitarle  el manto a San Lorenzo

El San Lorenzo, el techo de La Rioja, se abre al excursionismo a medida que se retiran las nieves

JONÁS SÁINZ

Aunque en las bellísimas fotografías de Daniel Acevedo parezcan las del Kilimanjaro, las nieves del San Lorenzo no son ni mucho menos perpetuas. Después de un invierno irregular, tardío y antipático, se está retirando el manto blanco que cubría el techo de La Rioja (2.271 m.) dejando paso a la montaña de primavera y permitiendo ascensiones más sencillas, sin crampones, raquetas ni pieles de foca. Todavía esta misma semana quedaban unos últimos y privilegiados esquiadores de montaña disfrutando casi para sí solos de las laderas que semanas atrás tenían que compartir con los cientos de clientes de Valdezcaray.

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Arriba y abajo, abajo y arriba, Aritz ascendía el martes, tres, cuatro veces, hasta la cumbre para luego dejarse deslizar una y otra vez, suavemente, entre las calvas que van reclamando el terreno para las rocas y los brezos. Bajo un sol cada vez más alto y más recio, la montaña recupera poco a poco su verdadero relieve mineral. Ciertamente, sin el maquillaje nevado, comienza a mostrar un rostro descarnado, cruzado por las cicatrices que le ha infligido el hombre blanco para tratar de domesticarla y convertirla en parque temático. Y, pese a todo, sigue siendo alta y hermosa. Y conserva el espíritu salvaje de lo distante. Cuculla le llamaban los antiguos. Y merece la pena afrontarla honestamente, a pie, mano a mano, a pecho descubierto, sin vehículos, sin remontes mecánicos, sin trampa ni cartón. Al estilo de la Demanda. A quitarle el manto al San Lorenzo. De vuelta a la montaña.

RUTAS DE ASCENSO

1Desde Valdezcaray, por Colocobia: desde el aparcamiento de la estación de esquí (1.550 m.), seguir hacia el cerro Turraguas (1.784 m.) por la pista del cordal de la sierra de la Demanda; dejarla en el collado y tomar la pista de servicio que va hacia Colocobia (1.966 m.); tras el telesilla ascender la senda a un primer cerro (1.967 m.) -todavía con nieve- y el San Lorenzo (2.271 m.).

2 Desde Valdezcaray, por las pistas: desde el aparcamiento, ascender a la zona principal de la estación (1.660 m.); remontar la ladera directamente por las pistas de esquí -con nieve- y de servicio en dirección al collado Nestaza (2.034 m.) con el Cabeza Parda (2.106 m.) a la izquierda; desde ahí seguir la pista de Campos Blancos hasta el último telesilla (2.130 m.); y de ahí a la cumbre.

3 Desde Tres Cruces: desde el aparcamiento, continuar por la misma pista de la Demanda (admite vehículos, aunque todavía puede haber nieve) hasta el collado sur de Tres Cruces (1.940 m.), con el Salineros (2.101. m.) al frente; tomar la senda (dirección N) que asciende suavemente el cerro Bagolrrucia (2.138 m.) y San Lorenzo.

4 Desde las aldeas: desde Urdanta (995 m.) o Zaldierna (907 m.) por Turraguas (1.784 m.) y seguir la ruta 1; desde San Antón y Azárrulla (936 m.) por Laurcia (1.553 m.) y el collado de Bagolrrucia (2.138 m.); desde Posadas (964 m.) y Altuzarra (1.016 m.) a seguir la ruta anterior.

5 Desde otros valles: desde San Millán de la Cogolla (728 m.) por la pista de Prao Tajo (1.830 m.), el collado Artaza (1.830 m.) y Nestaza (2.034 m.); desde el Rajao (1.004 m.) por la pista del Tobía, el collado Saleguillas (1.633 m.) y Artaza; desde Valvanera (1.002 m.), por el collado Saleguillas; y desde el Najerilla, por los barrancos Rigüelo o la pista del Calamantío.

Avanzará la estación, llegará el calor y la sierra retomará su aspecto estival, pero ahora todavía estamos a tiempo de disfrutarla en el proceso de deshielo. Presenciar cómo comienzan a correr las aguas nuevas, cómo renacen los ríos y florece el bosque. Y allá arriba, por encima de los dos mil metros de altura, dejar nuestras últimas huellas del año sobre el blanco de la nieve. La montaña volverá a ser la misma de siempre, pero es justo ahora cuando no se parece a ninguna otra. Y, aunque cada ascensión es siempre única, esta es de las más recomendables.

Cabeza de la Demanda

De las muchas rutas que admite la sierra de San Lorenzo -en cuyas estribaciones nacen los valles najerillenses del Cárdenas (San Millán de la Cogolla), Tobía y el Rajao (Matute y Tobía) y Valvanera, así como el barranco Rigüelo (Viniegra de Abajo) y el Calamantío y Cambrones (Mansilla y también Canales), y con todos puede conectarse en largas travesías- obviamente las más directas son las rutas desde la cuenca del Oja.

Tanto desde Ezcaray (814 m.) como desde cualquiera de sus aldeas río arriba (Urdanta, Zaldierna, San Antón, Azárrulla y Posadas), subir hasta el San Lorenzo adquiere categoría de gran marcha montañera que exige salvar un desnivel cercano a los 1.500 metros en distancias no inferiores a 15 kilómetros.

En todo caso, es innegable la belleza del paisaje, pese a la cantidad de carreteras, pistas y todo tipo de infraestructuras que afean una zona largamente humanizada y explotada de mil formas, desde una minería y una industria textil primitivas, hasta la ganadería y el turismo en nuestros días. Y no es de extrañar tanto interés por este paraíso. Los árboles de riberas altas floreciendo, el despuntar de los hayedos más umbríos, los robledales de las solanas despertando, las repoblaciones agarradas a las pendientes de los barrancos con los pinos más fuertes... Y en los altos, solo las escobas, los brezos... Las rocas y esas últimas nieves.

Las cumbres peladas y redondeadas de todo el cordal de la Demanda... El Hombre, Ibaya, Torocuervo, Campos Blancos, Otero, Gatón, Necutia, Espelzia, Domingo Pedro, Cachipurri, Gitano, Salineros, Cabeza Parda, la Cuña, Chilizarrias... todas miran desde abajo la imponente mole del San Lorenzo.

Esta montaña mágica de los riojanos llama a ser ascendida por el puro placer de caminar en plena naturaleza, hollar la cima emblemática de esta tierra y poder contemplar una panorámica extraordinaria: desde los lejanos Picos de Europa hasta los Pirineos en días despejados, y al sur, los hermanos Urbión (2.228 m.) y Cebollera (2.163 m.), otras dos reservas naturales de vocación atlántica frente a la Meseta.

Para una incursión 'relámpago', nosotros optamos por ascender desde el aparcamiento de Valdezcaray (ruta 1) por el cerro Colocobia y descender directamente, clavando talones en la nieve primavera, por las pistas de esquí (ruta 2).

Pero el viejo Cuculla es un monte para subirlo sin prisas, para sentirlo y disfrutar a cada paso que nos lleve finalmente a presencia de San Lorenzo y una morena Virgen de Valvanera, padres de estas tierras y guardianes permanentes de la cima. Se cuenta que hubo en ella una ermita del patrono de Ezcaray. Hoy solo un destartalado refugio de chapa ofrece cobijo al visitante, de paso como la nieve.

 

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