Un fascinante océano de chatarra

Un fascinante océano de chatarra

Ferroluar expone, desde el 2 de enero en el Würth, las criaturas autómatas que pueblan su 'Vida acuática'

ESTÍBALIZ ESPINOSA

Quienes a partir del próximo viernes y durante todo el mes de enero accedan al atrio principal del Museo Würth La Rioja se sumergirán en un onírico paisaje marino poblado por autómatas. Un ecosistema surgido de la chatarra y de la imaginación y habilidades mecánicas de Raül Martínez Beteta, alías Ferroluar.

Él es capaz de insuflar vida a peces, crustáceos, algas y medusas con cualquier material de desecho, desde motores de limpiaparabrisas y bombas de aire de bicicleta, hasta cigüeñales o árboles de levas. Y así, en movimiento, es como sorprenden al visitante una considerable ballena beluga, un nutrido banco de peces o una apretada batea de mejillones, algunos de los seres que forman parte de la exposición 'Vida acuática' y que el Würth inaugura el 2 de enero en el marco de Actual 2015.

Mientras ayer ultimaba la instalación de sus piezas, Ferroluar (Igualada, Barcelona, 1977) nos contó cómo empezó a trabajar en su singular animalario. «De pequeño ya desmontaba todos los juguetes para ver cómo funcionaban y ensamblaba motores con otras piezas que iba encontrando. Luego, en mi trabajo (mecánico industrial) y rodeado de montañas de chatarra, veía una utilidad donde todo el mundo veía desechos».

Una beca le brindó la oportunidad de exponer sus primeras obras y ahora se dedica de lleno a sus criaturas autómatas, cuyos movimientos estudia concienzudamente a través de vídeos. «Cojo una secuencia del movimiento de un animal e intento simplificarla para adaptarla a mi trabajo».

Ningún autómata repite formas ni movimiento y las medusas, un pez globo, un caballito de mar o un pez abisal dan fe de ello.

¿Predilección por alguna de sus obras? «Quizá las que más me interesan o les tengo más cariño son las últimas creaciones, ya que son autosuficientes para desplazarse y las que más me ha costado hacer», comenta el autor refiriéndose al caracol de mar, la tortuga o el ermitaño, piezas con las que abre su exposición.

Los mecanismos se activan mediante sensores, lo que lleva al visitante a interactuar con estas máquinas marinas. Sus movimientos transmiten paz, relajación, curiosidad... una fascinación en la que continúa indagando este artista. Eso sí, nos advierte, sus seres serán cada vez menos figurativos para dar más juego a la imaginación del espectador.