Treinta minutos de coraje

Treinta minutos de coraje

Una empresa familiar promueve saltos sobre la comarca de Liébana, una experiencia asequible que sólo requiereuna mínima dosis de valor

ERLANTZ GUDE

El escenario ayuda a que una actividad alcance mayores cotas de espectacularidad. Y más si se trata de un deporte extremo. En Potes, a las puertas de Picos de Europa y bendecidos por sus primeras cumbres, podrás volar durante más de media hora en parapente biplaza por cien euros con expertos reputados como los hermanos Rodríguez, saga local que se ha impregnado de un amor por las montañas, ineludible cuando abarcan el marco de gran parte de los recuerdos. Borja es el veterano y quien lleva la voz cantante. Su amplio currículum propicia que la experiencia tanto con él como con sus hermanos, a los que ha legado toda la habilidad acumulada en décadas de vuelo, adquiera mayor grado de fascinación.

La cita es en el aparcamiento del recinto ferial, superado el Puente Nuevo. Allí esperan Borja, Turenno o Elio, que nos subirán en todoterreno a La Viorna. La ruta, obviamente, es sinuosa. Abandona el asfalto para adentrarse en unas pistas cada vez menos transitables. El avance hacia esta cima de más de 1.000 metros nos permite, de paso, aclimatar nuestro organismo.

El vértigo es relativo por la cercanía de los altos de más de dos kilómetros de la cordillera de Ándara, que revelan la auténtica magnitud del terreno. Les gustaría sobrevolar de nuevo Picos de Europa, a lo que ya no tienen acceso, debido al nivel de protección del parque. Pero la aventura no pierde vigor y se fortalece con la incuestionable grandeza del decorado.

Un salto de fe

Llegados al punto de partida, los monitores ultiman los detalles. Despliegan la vela y se enfundan el casco obligatorio. En breve, nos facilitarán uno, que debemos acompañar de unas recomendables gafas de sol destinadas a aminorar el efecto de la radiación solar. El conductor del vehículo abandona el lugar en cuanto recibe indicaciones sobre la zona de aterrizaje.

Borja se acerca y da una pauta muy básica. Nuestra única misión estriba en correr. Anclados en la parte delantera, ellos se encargarán de que, tras unas zancadas, el parapente despliegue sus doce metros de longitud y nos abalancemos sobre el cielo de Potes. Pero antes, toca ensayar. El instructor se aferra a nuestra espalda y debemos avanzar con la potencia suficiente para superar su resistencia hasta conseguir arrastrarle.

Asomados a la ladera, pueden aparecer instantes de vértigo y nervios, pero, sobre todo, aflora un sentimiento de admiración por la belleza de las cumbres y, abajo, reducido, el formidable valle de Liébana. Se pierde, a lo lejos, la muralla de montañas de piedra que esconden el desfiladero de La Hermida y, en perpendicular, surge anecdótico el monasterio de Santo Toribio de Liébana, que alberga el que la Iglesia señala como el mayor pedazo conservado de la cruz de Jesús. La pendiente que descenderemos nos impulsará a la conquista de todo este paisaje.

Leer las nubes

Se espera a una cortina de viento en contra y, en ese momento, nos lanzamos a la carrera hasta que nuestros pies pierden el contacto con el suelo. Elio sostiene que uno de sus principales incentivos es descubrir las reacciones de los usuarios. Con él, volamos. En la distancia aparece un buitre que se eleva sobre la cima de la Silla de Caballo, en Picos de Europa. «Apenas aletea, se dedica a planear», apunta. Para ellos, su presencia es un indicativo de que la aerología es favorable. También leen las nubes. Los cúmulos se originan a partir de aire caliente previamente acumulado en el valle. Aproximarse a esa corriente ascendente garantiza un vuelo de más calidad.

Los cilindros de viento que parten del suelo no siempre culminan en estas formaciones algodonosas. Ahí es donde marca diferencias la pericia del piloto. Ni los sofisticados altivarios que agregan GPS son comparables con la intuición del experto. La clave del vuelo en Picos radica precisamente en que, al tiempo que ofrecen un fantástico rincón, transmiten grandes dosis de seguridad para que los nervios desaparezcan cuando llega la hora del despegue.

CONSEJOS

De picoteo

Calle Cántabra. Cerca de una decena de locales, ideales para picotear en esta calle estrecha, pero llena de encanto en Potes. Se puede degustar una buena ración de callos y quesos lebaniegos en Casa Cayo. El mesón Matesanz destaca por su tabla de ibéricos y revueltos de setas y espárragos. Otros locales son Casa Ángel, La Cruz, Don Pelayo o Tasca Cántabra.

Un buen cocido

Premio al mejor cocido lebaniego en el 2012, El Cenador del Capitán sobresale por esta característica receta. Primero se degusta la sopa de fideos y después el guiso. Se puede culminar con un canónigo de postre. El menú cuesta 15 euros. Asimismo, tienen buenas carnes y quesucos de Liébana. Su bodega acumula 200 referencias.

Cervantes, 2. 942732161

Noche en el bosque

Los apartamentos La Bárcena, a medio camino entre Potes y Fuente Dé, se encuentran en una bella casa rural. Tiene spa y piscina climatizada, y parte de sus quince alojamientos disponen de jacuzzi. En la finca hay parque infantil, barbacoa y zona chill out. Los precios en verano oscilan entre los 110 y los 175 euros, sin IVA. 626052040 www.labarcena.com.