El obispo mártir

El riojano Narciso de Estenaga, obispo de las órdenes militares, asesinado en la guerra civil, será beatificado por Benedicto XVI

MARCELINO IZQUIERDOLOGROÑO
El obispo mártir/
El obispo mártir

Narciso de Estenaga y Echevarría nació en Logroño en el año 1882, hijo de un jornalero y de una lavandera, lo que le convierte -según López de la Franca- en el primer obispo proveniente de una familia humilde. Fue bautizado en la parroquia de Santa María de Palacio -vivía en la calle del Coso, según confirma el historiador riojano Felipe Abad León- y, años más tarde, es confirmado por el obispo de la Diócesis de Calahorra, Antonio Cascajares, antiguo obispo prior de Ciudad Real, curiosamente un antecesor suyo.

Seminario de Vitoria

Siendo todavía un niño fallece su padre, Nicanor de Estenaga y Lizarralde, por lo que la familia -de origen alavés- se traslada a Vitoria y al poco tiempo, cuando apena tiene 11 años, también muere su madre, Eugenia Echevarría y Del Campo. «Huérfano a muy corta edad -explica el biógrafo-, ingresa en el Seminario de Aguirre para niños pobres de Vitoria, bajo la tutela de la Madre Corazón, Santa María Josefa -la primera santa vasca-, fundadora de las Siervas de Jesús. Esta mujer acoge a este chico, le paga la carrera y le envía al Seminario de Toledo». Es por ello que este riojano ilustre siempre se declaró deudor de las Siervas de Jesús. «Yo que tuve la mala suerte de perder a mis padres de niño, me acogí al patrocinio de la Virgen María», Había afirmado más de una vez el propio Estenaga.

Antes de ordenarse sacerdote en Toledo se presenta a las oposiciones de canónigo y las aprueba, aunque no le dan el cargo porque aún no había concluido los estudios. Sería poco después cuando accedería a la canongía, hasta llegar a ser deán de la catedral primada, con el encargo de catalogar todas las obras allí reunidas. Es entonces cuando comienza a escribir la historia y el catálogo de la Catedral de Toledo, con más de cien mil fichas completadas, magna obra que no llegó a concluir porque en ese empeño le sorprendió la muerte.

Confesor de Alfonso XIII

Decisiva en su vida fue la amistad que mantuvo con el Rey Alfonso XIII, quien piensa en él para regentar la diócesis que más quiere. Como el monarca era gran maestre de las Órdenes Militares, por autoridad apostólica nombra al obispo de Ciudad Real, que también es prior de las Órdenes Militares. Así, promueve a Estenaga para el cargo, que ya era su gran amigo y su confesor, en el que toma posesión en julio 1923. Un mes antes fue investido caballero de la Orden de Santiago, apadrinado por el propio Rey, que le regala el pectoral de obispo y el hábito de gran maestre.

Además de Alfonso XIII, Estenaga tuvo más amigos ilustres. Los reyes belgas le concedieron la condecoración de Caballero de la Orden de la Corona y fue premiado por el presidente de Polonia.

«Era un hombre excepcional en casi todo -explica López de la Franca-, pero sobresalía por ser un orador fuera de lo común. Antes de su muerte recibió el reconocimiento incluso de presidentes republicanos, como Indalecio Prieto o Niceto Alcalá Zamora, que le encargó, en abril del 36, el Elogio fúnebre de Lope de Vega, con motivo del tercer centenario del 'Fénix de los Ingenios'.

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