Volatilidad política

Ninguna formación sabe a ciencia cierta qué le interesa electoralmente: si adelantar la fecha de los comicios generales o no

La vida institucional y partidaria en España se encuentra tan a merced de sobresaltos diarios, que ningún acontecimiento parece definitivo como para decantar las cosas en un sentido u otro desde una perspectiva electoral. Además, la convocatoria de las europeas, autonómicas y locales de mayo de 2019 y el horizonte de las próximas generales tienden a solaparse de tal manera que resulta imposible predecir en qué situación se encontrará cada partido cuando los ciudadanos vayan a depositar su voto. Solo cabe aseverar que la sustitución del bipartidismo por el 'cuatripartidismo', que se manifestó en 2015 y se atenuó en las generales de 2016, ha vuelto a ocupar el escenario de los vaticinios. Hasta hace bien poco parecía crucial saber si se mantendría el orden de las convocatorias -con las territoriales y municipales por delante de los comicios generales-, o si éste pudiera sufrir alguna variación por disolución anticipada de las Cámaras. Pero hoy incluso la presunción de que los partidos tradicionales estaban interesados en valerse de las autonómicas para luego afrontar las generales en mejores condiciones queda en entredicho. La moción de censura presentada por Pedro Sánchez contra la presidencia de Mariano Rajoy parecía adquirir un valor singular para el establecimiento del calendario definitivo. Parecía que si el líder socialista consiguiera su propósito -en los términos en los que expuso su plan el viernes- trataría de prolongar la legislatura para hacer valer su impronta de cara a las siguientes generales. Si, por el contrario, la moción de censura fuese derrotada, parecía lógico pensar que Rajoy intentaría lo propio para culminar su mandato con aura de imbatible. Pero la volatilidad del panorama político hace que hoy ninguna formación sabe a ciencia cierta qué le interesa electoralmente. Si adelantar la fecha de los comicios generales o mantenerla. Entre el jueves y el viernes de la semana pasada cambió todo, en lo que se refiere a las perspectivas electorales de los distintos partidos. Empezando con Sánchez, que no sabe qué hacer exactamente con su moción; pasando por Rivera, que parece sentirse con fuerzas para un adelanto electoral; Iglesias, tratando de hacer olvidar el asunto del chalet; y Mariano Rajoy, que continuará a la espera de que sean los demás quienes se decidan. Aunque bastaría con que todos hablaran más claro y meditaran más sobre sus intenciones.

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