EL VARAPALO

MANUEL ALCÁNTARA

Lo que ahora pide Barcelona, que no es lo mismo que solicita media Cataluña, es la abolición de la Monarquía. La tacha de institución caduca y antidemocrática. Creen, o simulan creérselo, que cuenta con el apoyo de los «poderes del Estado», que cada vez tiene menos poder. Sobre todo si se lo compara con lo que llaman «pueblo organizado», que no es lo mismo que masa, ni que turba. No pueden olvidar el discurso del Rey y lo consideran una amenaza contra lo que denominan rechazo del monarca a la ilegal consulta.

Hace dos o tres días, el pleno del Ayuntamiento de Barcelona criticó severamente las actuaciones del Rey, que Dios siga salvando de algunos monárquicos. El pleno del Ayuntamiento de Barcelona lo que ha pedido es la abolición de la Monarquía. Así de claro, aunque sigamos viendo turbio el asunto. Hay muchos intereses en juego y ninguno es desinteresado. Los cinco ediles de Ciudadanos se ausentaron del salón de plenos ya que estaban plenamente convencidos de que su camino es otro. Lo que en principio era demasiado para Sánchez ha acabado por exceder a todos por muy poco sanchistas que sean.

Es cada día más evidente la necesidad de unas elecciones generales, pero parece que los que más las deseasen son los mismos que los que más las temen. Lo nuestro no tiene compás de espera y por lo tanto hay que esperar sin compás, mientras prosigue el reparto de puestos y de cargos y se condena de nuevo el manoseado artículo 155, antes de convertirlo en nuestro artículo mortis. Lo más grave es que al Tiempo le quede tan poco tiempo. Se le ha ido volando.

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