El trabajo decente no es un cuento

El trabajo decente
no es un cuento

«Es necesario configurar un sistema económico que ponga en el centro a las personas y al medio ambiente a través de un sistema de relaciones laborales más justas, igualitarias, solidarias y sostenibles»

Cuando la sociedad está organizada de tal modo que no todos tienen la posibilidad de trabajar, de estar unidos por la dignidad del trabajo, esa sociedad no va bien: ¡no es justa! Va contra el mismo Dios, que ha querido que nuestra dignidad comience desde aquí. La dignidad no nos la da el poder, el dinero, la cultura, ¡no! ¡La dignidad nos la da el trabajo! Y un trabajo digno, porque hoy «tantos sistemas sociales, políticos y económicos han hecho una elección que significa explotar a la persona». Son palabras del Papa Francisco, mayo de 2013 -Ciudad del Vaticano-, en una homilía sobre el trabajo. La Iglesia no es ajena a esta realidad.

En España la situación del empleo sigue siendo dramática para millones de personas. A pesar de que el desempleo se reduce con intensidad (aunque con un gran volumen de empleo precario), la desigualdad y la pobreza no acompañan esta dinámica. La recuperación económica no está alcanzando a todos los sectores poblacionales por igual. Aquellas familias que ya sufrían condiciones de vulnerabilidad previas a la crisis económica son precisamente las familias menos favorecidas por el cambio de ciclo económico.

El último informe FOESSA indica que la exclusión y el empleo no conocen la recuperación. Más de la mitad de los hogares donde hay una persona con empleo presentan dificultades para mantener el nivel de consumo, llevar una vida saludable, acceder a la vivienda, participar en política o conservar las relaciones sociales.

Nuestro injusto marco laboral y social desplaza y descarta a millones de personas del acceso a un trabajo digno. Somos líderes en pobreza laboral, insostenible desempleo, hogares con todos sus miembros en paro, normalización de la contratación temporal y precaria, por no hablar de la pérdida de la vida o la desprotección de quienes son descartados del trabajo. El coordinador de Estudios de Cáritas, Raúl Flores, alertaba, no hace mucho tiempo en Logroño, del riesgo de que «se estén debilitando los vínculos de nuestro modelo social, ya que las diferencias que existen en las condiciones de vida entre diferentes capas y colectivos sociales están tensando los ligamentos que nos mantienen unidos como sociedad. Se crean situaciones de competencia por el empleo entre unas edades y otras, por la protección social que reciben aquellos que están jubilados y los que están desempleados, por las ayudas a la crianza de las que se benefician unas y otras familias».

Sensibles a esta realidad la pregunta es rápida ¿cómo podemos avanzar para generar un trabajo decente?

. Es necesario configurar un sistema económico que ponga en el centro a las personas y al medio ambiente a través de un sistema de relaciones laborales más justas, igualitarias, solidarias y sostenibles. Necesitamos un sistema que considere que el trabajo es un bien para la vida. Es urgente garantizar la protección física y psicológica de todos sus trabajadores y trabajadoras, así como la conciliación con la vida familiar.

. Es necesario que los poderes públicos se comprometan con la construcción de un sistema económico y laboral más justo: Derogando las normas que precarizan la vida de las personas; favoreciendo el acuerdo mediante el diálogo social; asignando partidas presupuestarias destinadas a apoyar la creación o la transformación de empresas que desarrollen estos criterios y generen prácticas laborales acordes con la dignidad de todos los trabajadores y trabajadoras.

. Existen empresas que en su actividad cotidiana están desarrollando estos criterios. Es importante visualizar estas respuestas, que es posible funcionar de otra manera y que reciban el apoyo de toda la sociedad.

. Como entidades de la Iglesia consideramos que estas experiencias son ejemplos reales de buenas prácticas que nos enseñan caminos de humanización acordes al proyecto que Dios tiene para todos y todas.

Con motivo de la celebración hoy de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente, las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente hacemos un llamamiento a todos los agentes que participan en la organización política y social del trabajo a reflexionar, a tomar las medidas necesarias y los esfuerzos oportunos para que el trabajo decente sea una realidad universal e inmediata. «Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social» (Iglesia, servidora de los pobres, 32)

A nivel internacional es cada vez mayor la preocupación por la cuestión y la importancia del trabajo decente. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), el movimiento sindical mundial (CSI) o el Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) son instituciones que, además de promover esta jornada mundial, están comprometidas en abordar el futuro del trabajo desde la perspectiva del trabajo decente, situando el foco en los sectores más vulnerables y desprotegidos.

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