En un tono menor

La regeneración democrática precisa denunciar o interpelar con más coherencia y moderación que en una refriega partidaria

La sucesión de denuncias públicas, más interpuestas que directas, sobre irregularidades en las que pudieran haber incurrido responsables políticos, está generando un clima irrespirable, cuando de lo que se trata es de que prevalezcan la transparencia y la honestidad. No hay nada menos transparente que el cruce de revelaciones interesadas cuando éstas provocan tanto ruido que confunden a la audiencia. No hay nada menos honesto que culpar a los adversarios cuando incurren en algún desliz, mientras se disculpa a los propios en nombre de la presunción de inocencia. El cruce constante entre las responsabilidades políticas contraídas, incluso desde antes de acceder a un cargo público o partidario, y su eventual abordaje judicial da lugar a situaciones contradictorias en cuanto a la valoración de hechos similares. La concurrencia de terceros -como directivos de universidades y de empresas- en el desarrollo de conductas poco decorosas o lesivas para el interés común diluye las implicaciones de cada cual, por lo que en ocasiones se enerva el ánimo de la confrontación política apelando a la asunción de culpas por parte del contrincante. La vida pública en España no acaba de metabolizar los supuestos de dimisión y cese sin que medie una condena judicial en firme. A partir de ahí, aceptar haber cometido un ilícito e incluso un grave error pasa a formar parte del libre albedrío. Por otra parte, no hay un criterio unívoco en el tratamiento judicial de situaciones de irregularidad. Aunque a los ciudadanos les parezcan casos análogos, las distintas varas de medir forman parte de un paisaje debido a la naturaleza garantista de un sistema que ha de instruir y enjuiciar cada caso en su singularidad. Naturaleza garantista que solo puede mantenerse sobre la coexistencia de lecturas diversas, convocadas a unificar doctrina. Ayer se supo que el Tribunal Supremo ha resuelto no investigar a Pablo Casado por las circunstancias en que obtuvo su master. El alto tribunal, aunque aprecia trato de favor, no ve que hubiera concierto previo con el presidente del PP. En este y en otros casos, los responsables políticos deberían medir los términos en los que formulan sus denuncias; incluso las palabras con las que construyen sus preguntas al aire o en sede parlamentaria. Entre otras razones porque serán más efectivas cuanto más rigurosas resulten. Todo lo demás en nada contribuye a un país mejor.

 

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