LOS TIEMPOS QUE CORREN

CARMEN NEVOT - ARRANCHAR A SON DE MAR

Hasta hace años, la comunicación con la familia y amigos llevaba su tiempo. Un proceso nada inmediato que dio un giro de 90 grados con la incorporación de los móviles a nuestra vida diaria y de 180 cuando estos teléfonos se transformaron en smartphone, dispositivos inteligentes que nos hicieron tomar conciencia de lo que realmente es la inmediatez. Un arma de doble filo que nos permite estar permanentemente conectados, pero también nos hace más esclavos. Hoy estar a la última no es un lujo, sino una obligación. Los tiempos han cambiado. Todo se ha impregnado de un ritmo frenético, todo, salvo la Justicia.

El presidente del Supremo, Carlos Lesmes, amparaba ayer el cambio de criterio del alto tribunal sobre quién debía pagar el impuesto hipotecario. Un día se ponía del lado de los clientes y al siguiente, tras las crisis bursátil que desencadenó su decisión, cuestionó lo dicho porque consideraba que la devolución del impuesto podía generar un 'riesgo de trastornos graves con trascendencia al orden público económico', el mismo argumento que empleó en el 2013 para justificar, pese a que reconocía que era un fraude, que los ciudadanos atados a una hipoteca no podían recuperar lo defraudado por la cláusula suelo. Un alegato que, por cierto, tumbó tiempo después el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Lesmes defendía que aplazar dos semanas la decisión final tenía que ver con que los tiempos en justicia se miden de otra forma. El magistrado empleó un razonamiento trasnochado para justificar lo injustificable en los tiempos que corren y más cuando se trata de una decisión que toca directamente los bolsillos de los ciudadanos, los sufridos 'paganini' de siempre.