Tiempo

Tiempo

«La urgencia primera sobre la importancia y al final gana la banalidad. Todo es frenético, todo caduca antes de tiempo, todo es obsoleto de antemano, la información se consume de forma compulsiva, todo circula por la superficie»

CARLOS ÁLVAREZ PRESIDENTE DEL ATENEO RIOJANO

En el Ateneo Riojano todos los años tenemos un tema especial al que dedicamos un esfuerzo mayor en la programación. El curso pasado nos empeñamos en reivindicar el papel de la mujer en la sociedad y en la historia, el anterior en denunciar el drama de las personas refugiadas. Este prestaremos una atención especial al TIEMPO. Nos preocupa el tiempo frenético que nos arrolla, el ritmo acelerado con el que ocurre todo a nuestro alrededor, porque es ajeno tanto a nuestra capacidad de digerir información como de disfrutar.

Sin tiempo no existe posibilidad de inteligencia. Es entretenido intentar imaginar aquellos primeros chispazos de conciencia de los primeros humanos, intentar entender por qué se producen los primeros enterramientos... La autoconciencia, como la conciencia de la muerte, no es otra cosa que la percepción del tiempo.

El pensamiento del ser humano es un pensamiento en el tiempo y el tiempo es, a su vez, una especie de materia prima para el pensamiento humano. Luego ya, tras la conciencia del tiempo vendría el pensamiento simbólico, el arte, el lenguaje, la sofisticada tecnología de las herramientas... Esos primeros humanos veían que la gente nacía y moría y, claro, ataron cabos. Fueron tomando conciencia del tiempo en aquellas largas tardes, antes de coger el sueño, al recordar que el día anterior también había oscurecido y tener la certeza de que a la noche le seguiría un amanecer; y en las migraciones estacionales en busca de recursos, acompañando a los grandes herbívoros, memorizando en qué zonas y épocas se daban unos u otros frutos; es decir, cuando se fueron percatando de que determinadas situaciones se repetían cíclicamente en el tiempo. Porque, para esa conciencia, hacen falta tres elementos: un acontecimiento A, un observador y un acontecimiento B, posterior. Una triangulación. Y entre A y B tiene que haber un lapso de tiempo, una perspectiva, un recorrido. Si se suceden de forma casi inmediata, la inteligencia humana no cabe.

Y todo apunta que es ahí a donde nos dirigimos. Esta fase terminal del capitalismo nos condena a una aceleración que atenta contra las necesidades básicas para que la inteligencia humana pueda funcionar. La urgencia prima sobre la importancia y al final gana la banalidad. Todo es frenético, todo caduca antes de tiempo, todo es obsoleto de antemano, la información se consume de forma compulsiva, todo circula por la superficie..., hemos cambiado La Clave por el Sálvame Deluxe. La aceleración a la que nos vemos sometidos parece encaminarnos a una especie de idiocia infantil incapaz de disfrutar de otra cosa que no sea el consumo comercial.

Esta preocupación, claro, no es nueva. Ahí tenemos Tiempos modernos (1936) de Charles Chaplin. Mario Gaviria nos explicaba cómo prácticamente todos los deportes de competición actuales con sus reglamentos, cronómetros, etc., aparecen a finales del siglo XIX, en Inglaterra, con la segunda Revolución Industrial, ya que hasta que no surge el maquinismo la medida del tiempo no es un elemento clave de la productividad (El buen salvaje, 1981, p.98).

En este nuevo estadio de revolución industrial digital el tiempo se nos comprime hasta extremos insospechados. Necesitamos reposo; serenar nuestras relaciones y nuestras vidas. Necesitamos especular sobre el futuro y contemplar el pasado para dar coherencia y seguridad a nuestras existencias. Cada vez son más precisos los espacios para la reflexión, los mecanismos que nos den perspectiva y sosiego. Necesitamos percibir el tiempo.

El Ateneo Riojano abre hoy, a las 19.30 horas, su curso 2018-2019, con la conferencia inaugural 'El tiempo que nos une', a cargo del escritor y poeta Alejandro Palomas.

 

Fotos

Vídeos