Más CIS, el PP tiembla

El eje derecha-izquierda se puede estar desplazando por la volatilidad política de los jubilados

JUAN CARLOS VILORIA @J_CVILORIA

El Gobierno ha encargado al presidente del CIS, José Félix Tezanos, que elabore un barómetro del CIS al mes, en lugar del trimestral como venía siendo práctica con el anterior Gobierno. En el último, publicado la última semana de septiembre, el PSOE se disparaba como ganador sacando diez puntos de ventaja a los conservadores. Y detectaba un vuelco radical en las preferencias políticas de los españoles que en unos pocos meses han pasado de ser mayoría de centro derecha a dar una holgada ventaja a la izquierda. Más allá de las lógicas sospechas sobre la cocina de las encuestas y el perfil de fontanero socialista del máximo responsable del Centro de Investigaciones Sociológicas, en el Partido Popular no debieran desdeñar las luces rojas que destellan demoscópicamente con relación a su decaimiento electoral. ¿Y si el partido que dirige ahora Pablo Casado no capitalizase en las urnas los patinazos, contradicciones, máster falsos, doctorados adulterados, pactos con separatistas y memorias sin consenso que han salpicado la presidencia de Pedro Sánchez desde que descabalgó a Rajoy prometiendo a la nación convocar elecciones lo antes posible? La voluntad electoral del pueblo tiene resortes emocionales, económicos, históricos que muchas veces no se ajusta a la lógica política. El PP no tiene más que recordar la resistencia de su electorado a abandonarles a pesar de los escándalos de corrupción que durante años de forma real o mediática les han llevado contra las cuerdas. El PSOE tampoco rentabilizaba ni las encuestas, ni en las elecciones, los recortes presupuestarios, la subidas del IRPF o la contaminación de dirigentes miembros en otro tiempo del grupo 'pata negra' de Génova. El mantra de los analistas era que en este país «la gente vota a su partido» aunque sea corrupto. Pero únicamente ese aserto no explica el comportamiento electoral de los diferentes grupos sociales.

El PP debe analizar lo que puede estar pasando con un caladero tradicional de votos hasta ahora inamovible: los pensionistas. Da la impresión de que ese sólido colchón puede estar pinchándose y apostando por la izquierda que promete soltar los resortes de seguridad presupuestaria para satisfacer las demandas de un colectivo cada vez más reivindicativo. No hay que olvidar que Podemos y sus asociados hicieron una tarea intensa dentro del mundo de los pensionistas y, probablemente, han conseguido mover el eje derecha-izquierda en este país desplazando el peso de los jubilados que son muchos millones de votos. Otro problema para el PP es el liderazgo. Casado puede llegar a ser un buen cartel electoral, pero necesita tiempo. A día de hoy el electorado no sabe qué puede esperar de él. Tiene que fiarse de la marca PP y de los equipos que le rodean. Y la marca, precisamente, está bastante tocada. Además, la estrategia de poner en primer plano de su oposición el problema de Cataluña choca con el hecho de que el CIS lo sitúa como la sexta preocupación de los españoles.

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