TERAPIA DE GRUPO

MANUEL ALCÁNTARA

El temido adelanto electoral es lo que buscan los que no tienen miedo más que al miedo, quizá porque sepan que ha salvado más vidas que cualquier otra cosa. Mientras, Bruselas lo que prevé son riesgos para la estabilidad de nuestras cuentas por el incumplimiento de los Presupuestos para 2019. Está al caer del árbol del tiempo preparándose para el otoño, que siempre ha tenido las manos de oro o del cobre volandero de las hojas. Tratar de evitar lo inevitable, que son unas nuevas elecciones, es una hazaña imposible aunque sea apasionante.

El chamuscado PP no ignora que cuando dos se mienten ninguno engaña al otro. Piensan que siempre hay remedios y no todos pueden ser más graves que la enfermedad, a condición de que no sea la última. El incremento del gusto y la falta de reformas son enemigos difíciles, pero hemos acordado que el más peligroso enemigo es el que siempre está hablando del enemigo y que quejarse es de bellacos, cosa que no es cierta porque no hay nada más humano.

Todo favorece la llamada «revuelta separatista» que se ha hecho pandemia y no sólo es catalana. Una parte de los catalanes, porque hay muchos que no desean dejar de ser españoles, están convencidos de que es difícil, tirando a imposible. No es fácil destrozar al Estado cuando no se sabe dónde poner sus pedazos y las cuentas no nos salen ni entran en nuestras cabezas. Sin adelanto electoral hay poco que hacer y, además, no todos quieren hacerlo. Ni usando la terapia de grupo, que es el arte de no estar solos sin elegir las compañías.