Del Solar de Tejada

Fui recibido en el Solar de Tejada, como antes mis pasados, allá por el año de 1980: fue un viaje memorable, en compañía de mi señora madre (q.e.p.d.), que subió hasta la casona a lomo de mula, por no haber entonces camino para automóviles. Vuelvo ahora, tantos años después, como cronista de Castilla y León, para celebrar el primer aniversario de la declaración del Solar de Tejada como Bien de Interés Cultural, por parte del Gobierno de la Comunidad de La Rioja. El divisero Javier Somalo Mendiola fue el promotor de esta acertada declaración que contó con el decidido amparo de la junta del Solar.

Me unen lazos de variada índole con esta tierra. No en vano, La Rioja, también Cameros, formaron históricamente parte del antiguo Reino de Castilla, ámbito natural del cargo que ejerzo en la Junta de Castilla y León. Y en la ciudad de Alfaro presido, desde 1980, la benemérita fundación benéfico-docente de Santiago y Santa Isabel. Por no hablar de las familias riojanas de las que llevo la sangre.

Los solares de Tejada y Valdeosera son dos vetustas instituciones riojanas que otrora incluso llegaron a ser señoríos jurisdiccionales colectivos, con interesantes peculiaridades institucionales, sociales, y hasta nobiliarias. Los hidalgos de ambos solares gozaron de importantes privilegios, según la tradición otorgados en 1460 por el rey Don Enrique IV de Castilla. Y de esos privilegios hoy todavía conservan -con reiterados dictámenes favorables del Consejo de Estado y del Ministerio de Justicia- el muy singular -único, más bien- privilegio heráldico colectivo de gozar esos hijosdalgo de unas armerías propias y privativas, que son famosas. Los solares son, por muchos conceptos, unas instituciones muy dignas de consideración y de estudio.

Como bien ha señalado Antonio de Castro García de Tejada, conspicuo investigador de los orígenes del señorío -recientemente condecorado por el Rey con nada menos que la más importante condecoración civil que concede el Reino de España, la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III-, llegados al siglo XXI, hora es ya de que constatemos, sin remilgos, que la concesión por parte del rey Ramiro I, de Valdeosera y los montes Cadines, conocidos hoy como Tejada, a Sancho de Tejada y sus trece hijos, es historia fabulada e inverosímil, propia de un tiempo en la que la sociedad gustaba de estas leyendas que las familias utilizaban como propaganda de sus intereses. El estar adornado y justificado el origen de los señoríos de Tejada y Valdeosera por fábulas y leyendas, aceptadas comúnmente a lo largo de la historia por la Corona y los poderes públicos, lejos de restar valor a estos señoríos, lo dobla. Pues los hace depositarios de una memoria legendaria, imbricada en la historia de España, que forma parte de sus más ancestrales tradiciones culturales y, al tiempo, de una verdadera historia que está aún por escribir, pero que se intuye mucho más compleja e interesante de lo que nos enseñaron.

Mucho tenemos que agradecer los diviseros del Solar de Tejada a los hidalgos de la Sierra de Cameros, que son los verdaderos protagonistas de haber mantenido viva la Casa y el espíritu familiar que la ha sustentado durante siglos. Entre ellos destacan en la actualidad Tomás Rubio de Tejada y los miembros de la junta de gobierno del Solar, que trabajan desinteresadamente, prestando un servicio imprescindible en la organización y promoción de sus valores seculares. Tampoco se puede olvidar a los diviseros -hidalgos o no-, llegados cada año a Tejada y Valdeosera desde otras comunidades, especialmente de Castilla, de Extremadura y de Andalucía, en busca o en rememoración de sus raíces. Tejada y Valdeosera, La Rioja y los Cameros, los reciben con calidez, integrándolos en los solares como miembros de una sola, antigua e ilustre familia, que ha sido origen de importantísimos linajes, y que ha generado tantos destacados personajes que forjaron, con su esfuerzo, la historia de España y por ende la de Hispanoamérica.

 

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