Siria, la última batalla

Siria, la última batalla

Tras siete años de sangrienta guerra en Siria, el final puede llegar a medio plazo y puede ser extremadamente violento. Todo está en manos del presidente ruso, Vladimir Putin

MERCÈ RIVAS

Han muerto más de medio millón de personas, cinco millones de sirios se han refugiado en otros países, seis millones se han desplazado por todos los rincones del país, según ACNUR (Naciones Unidas para los refugiados), el país ha quedado devastado y, aun así, la guerra no ha terminado. Unicef destacaba en su momento que 2017 fue el año del conflicto más mortífero para los niños. Las fuerzas de El Asad y sus aliados son responsables de un 85% de las víctimas civiles, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.

Pasados los años, los protagonistas de la guerra se reúnen, ponen dos o tres tiritas en la herida y cuando nos hemos despistado vuelven a bombardear mientras los ciudadanos que siguen dentro del país tienen todo tipo de carencias y eso ocurre en un lugar en el que el periodista Tomás Alcoverro definía en su libro '¿Por qué Damasco?': «Siria presumía, y muchos también lo creímos, de ser una excepción a este movimiento de masas que exigen libertad y democracia. Se aducían diversas razones... pero la presunta solidez y fuerza disuasoria de los omnipresentes servicios policiacos de represión... el ejército y el núcleo alauí, estaban siempre presentes».

Pero ese Damasco ha cambiado mucho. Ahora todas las miradas están puestas en Idlib. Y ustedes se preguntarán «¿qué más les puede pasar?». Pues bien, pasará lo que el dictador Bashar al Assad, el presidente ruso Putin y el presidente de Turquía Erdogan quieran. Pero, si me apuran, les diría que pasará lo que Putin quiera.

¿Y qué es Idlib? Pues una ciudad situada en el noroeste de Siria, a 60 kilómetros de Alepo, que antes de la guerra tenía 160.000 habitantes pero ahora se ha convertido en la zona refugio para muchos sirios de todas las tendencias. Es el último bastión. Millones de personas viven en este enclave y si finalmente el Assad y sus compañeros de viaje deciden atacar podrían morir masivamente muchísimos sirios y salir huyendo otro millón de personas que irían a parar a Turquía ya que es el país más cercano. Eso significa que la historia de exilio que comenzó en los años 2014-2015 se volvería a repetir y ni Turquía está preparada para ello, ni la Europa antimigración tampoco. Estamos hablando de un éxodo sólo comparable al de la Segunda Guerra Mundial. La ruta de los que huían comenzaba en Turquía, cruzando en barcazas, en manos de las mafias, a Grecia y siguiendo por Macedonia y Serbia antes de entrar en Hungría, país desde el que pretendían continuar viaje hacia Europa occidental, sobre todo Alemania y Suecia. En el camino murieron muchas personas ya que no les faltó de nada: frío, falta de asistencia o largas estancias en lodazales ya que muchos países se negaban a su entrada. Otros fueron llegando a ciudades europeas en donde han tardado años en ser reconocidos como refugiados y con la eterna amenaza de ser expulsados a Turquía. Amenaza que en algunos casos se hizo realidad. Lo peor de todo es que el final fatal llegará de forma segura aunque los líderes políticos controlen los tiempos. Y, desgraciadamente, Europa seguirá sin hacer previsiones y sin la respuesta adecuada.

Médicos Sin Fronteras (MSF) alerta de la terrible situación de refugiados, migrantes y solicitantes de asilo en las islas griegas y, concretamente, en Lesbos y en el campo de Moria. Este triplica la capacidad (9.000 personas, un tercio de ellas niños, para 3.100 plazas). Solo en las primeras dos semanas de septiembre llegaron a Lesbos más de 1.500 personas, la mayoría sirios.

Lo más duro es que los equipos de MSF están comprobando el aumento de las tentativas de suicidio y de autolesiones en niños y menores de edad. Y es que hay que tener en cuenta las denuncias de Unicef que afirma que, «actualmente, en el país hay 13,2 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria, de los que 5,3 millones son niños, 200.000 de los cuales se encuentran en las zonas sitiadas y otros 1,2 millones en las zonas de difícil acceso».

La brutalidad de la guerra siria ya no deja impasible a nadie. Según Médicos sin Fronteras, tres de cada diez personas tratadas por heridas de guerra en hospitales sirios en 2015 fueron mujeres y niños. Más de 6.000 mujeres han sido violadas desde que comenzó el conflicto. Realmente una auténtica debacle para un país que difícilmente saldrá adelante. Por eso duele pensar que la última batalla no se ha librado y puede ser muy sangrienta y dolorosa. Pero todo está en manos del presidente de Rusia. Vladimir Putin.

 

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