NI SIQUIERA DIOS

PABLO GARCÍA-MANCHA - MIRA POR DÓNDE

Creo que fue San Agustín el que escribió que «ni siquiera Dios puede hacer que lo que fue no haya sido». Y por mucho que Ana Pastor se empeñe en borrar de las actas del Parlamento lo de fascista y golpista que se intercambian entre las bancadas de los grupos políticos, los venablos han sido lanzados. Yo me estaba afeitando al mismo tiempo que Rufián 'estercoleaba'; Rufián, el zangolotino sicario soberanista de la palabra-estiércol que ha hecho de la impostura su abnegado eslabón con el sueldo y las prebendas de diputado en el Congreso de España. No me corté de milagro. Y llegó el presunto escupitajo a Borrell; y después el silencio de Sánchez, de Lastra, de la ministra reprobada de Justicia y la censura de las palabras de la presidenta del hemiciclo. La dignidad arrastrada como nunca. La dignidad de los parlamentarios no se puede maquillar. Se tiene o no se tiene. Y Sánchez calla ante la disparatada afrenta de ERC, socio suyo de este gobierno fantasmagórico e ilusorio que no puede gobernar pero que surca los cielos con su presidente Willy Fogg que es dos personas a la vez -y vuelvo a San Agustín- pero que no está por completo en ninguna de ellas. La hemeroteca desmiente a Sánchez sin piedad, pero ya nos aclaró Carmen Calvo (para la que la división de poderes es una filfa), que una cosa es Pedro y otra Sánchez, que son dos almas distintas a conveniencia de las circunstancias, de lo que le pida Torra, Tardá o incluso Rufián abriendo sus brazos como el Cristo Redentor de Río de Janeiro sobre el Cerro del Corcovado. Y Borrell más solo que la una desmentido por el silencio cómplice de sus compañeros de gabinete... La pregunta es por qué no ha dimitido.

 

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