Sánchez, Casado y los inmigrantes

El líder del PP ha debido pensar que la forma más rápida de llegar a la Moncloa es ser tremendista

JOSÉ MARÍA CALLEJA

La foto de Pedro Sánchez y Pablo Casado en la Moncloa era inimaginable hace solo unas semanas. Pedro Sánchez ganó las primarias en su partido después de recorrer España en coche y Casado ha confesado que hizo lo mismo para ganar el liderazgo del PP en las únicas primarias de su historia. No eran los favoritos pero se han salido con la suya: Sánchez es presidente del Gobierno y Casado espera sustituirle en la Moncloa cuanto antes. La llegada de Casado completa la renovación generacional de la política española: los líderes de los cuatro partidos principales son jóvenes y eso parece que es lo único que les une.

Casado ha debido pensar que la forma más rápida de llegar a la Moncloa es agitando de manera tremendista la inmigración: un anuncio de llegada de «millones de africanos», sin ninguna base, mezclado con una chocante foto del propio Casado dando la mano a personas recién llegadas a España.

Casado va a actuar de manera radical en lo tocante a la inmigración, a Cataluña y al terrorismo derrotado con su secuela de presos más o menos trasladables. Piensa que con esa radicalización recuperará a los votantes, más de tres millones, perdidos por el PP a manos de Ciudadanos y, en mucha menor medida, de Vox. El tiempo dirá si lo logra, pero no debería convertir en problema lo que no lo ha sido en nuestra democracia.

En España, los inmigrantes han creado, y crean, riqueza además de hacer trabajos rechazados por los españoles; para más información vean las alineaciones de trabajadores en los cultivos bajo plástico de Almería, en la fresa en Huelva o en las obras bajo el sol de agosto; en todas ellas apenas hay españoles, son todos hispanoamericanos, rumanos o subsaharianos. El problema del futuro de las pensiones no sería tal de haber permanecido en nuestro país los miles de trabajadores jóvenes que se tuvieron que volver a sus países de origen por la crisis económica.

La inmigración es el debate principal en la Unión Europea y hasta ahora hemos visto políticas modélicas, como la de Angela Merkel en Alemania, o nefastas y ruines, como la de Mateo Salvini en Italia. Es evidente que el asunto, si se agita, puede tener en los países europeos una porción de votantes dispuestos a seguir al más radical, al que haga una mezcla de mentiras, siembra de miedos y emociones, de la que no puede salir nada bueno.

La llegada de Sánchez a la Moncloa, su moción de censura, le ha disparado en las encuestas, último CIS, y le da motivos para el optimismo que por grande que sea no engordará sus magros escaños. Casado no aparece aún en la encuesta, pero su voluntad es innegable: llegar a la Moncloa cuanto antes a base de un discurso radicalizado. No debería utilizar la emigración como arma electoral, aunque solo sea porque igual no le da votos.

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