Saliva

Saliva

CHAPU APAOLAZA

Gabriel Rufián mira a la gente como si quisiera hacerles un traje de saliva, pero nunca pensé que uno de sus rufianeos -ay Rufián cómo rufianeas- iba a terminar con un diputado de Esquerra Republicana de Cataluña tirando un lapo a Borrell. Todo empezó cuando el diputado le llamó 'hooligan' al Ministro de Exteriores, este le respondió no sé qué de estiércol y de serrín y Rufían se enfadó, se levantó, habló mientras no tenía la palabra y a la segunda amarilla, Ana Pastor le sacó la roja. Toda esta vaina prende en la bronca que hubo el martes con Tardà, que aseguró que si Rivera seguía llamándoles golpistas, ellos le llamarían fascista, que por otra parte es lo que le han llamado siempre.

Los diputados convinieron que si Rufián se iba a rufianear a la calle, se tendrían que largar ellos también, así que de pronto bajaba por escaleras del Hemiciclo el independentismo moderado en un plan decidido y campanudo. Sonaron por los altavoces las señales de la ofensa y a Ana Pastor le tembló un épsilon el labio inferior. Poco después, al pasar por delante de Borrell, la revolución de las sonrisas le soltó un presunto pollo al señor ministro. Dice el grupo socialista, siempre tan temeroso de crispar a sus socios de censura, que no está tan claro y que habría que pedir el VAR para repasar la bucal jugada. Entre las potencias divinas que coronan el cráneo masculino de Pedro Sánchez hay que contar desde ahora la de gobernar gracias al apoyo de tipos que te escupen. "Todos tenemos la culpa", ha dicho el presidente del Gobierno, que aún no conoce el suelo de sí mismo.

Los socialistas han dicho que no ha visto lo que volaba, quizás por la velocidad del proyectil, y de momento tenemos que creernos a Borrel, que en su soledad se ha negado a describir la anatomía del salivazo. Joan Tardá -del que más pronto que tarde Disney producirá una gran película de dibujos animados- negó rotundamente cualquier variante de lapo. Puede que se tratara de algún salivazo simbólico -un SUI, si me permiten, tal vez un gargajo de Schrödinger-,pero en todo caso el independentismo ya había escogido la vía unilateral de babear, y este es un detalle crucial a la hora de salivarse entre ciudadanos.

Dirán los libros de historia que el 21N, una bala líquida sobrevoló el pupitre del gobierno. Van a ir los colegios al Congreso a verlo y a imaginar dónde impactó, si en las maderas nobles, o acaso en el cuero azul del escaño. Las generaciones que en adelante visiten la casa de la democracia preguntarán de dónde a dónde viajó el pollo de Jordi Salvador y tal vez lo intenten emular allí mismo. Quizás incluso algún periódico se atreva a elaborar un gráfico desplegable con hipótesis sobre velocidad y trayectoria -recta o acaso de parábola-, un desplegable como el que hizo Cela del cipote de Archidona cuando un mozo que se amancebaba en un cine tiró de cuchara hacia atrás como Zarraonaindia y desastró la peluquería de una señora que estaba dos filas más lejos. La geometría del tiro siempre es importante, pues el parlamentarismo español es exactamente la distancia que va de los agujeros de los tiros de tejero al salivazo de Esquerra.