Saberlo todo

Se ha conseguido convencer al pueblo de que no reclame ese conocimiento, que desprecie al que tiene ansia de saber

JUAN GÓMEZ-JURADO

En El Nombre de la Rosa, el clero, quizás el máximo poder de aquel momento, atesoraba el conocimiento escondiendo los libros importantes en un laberinto construido en la abadía. Era la manera de asegurarse de que el pueblo no se pasara de listo, no empezara a sumar dos y dos, no sacase la conclusión de que no había ningún motivo para mantener esa posición de privilegio de los poderosos y se sublevase. Pasarse de listo es ser más listo que ellos, y hasta ahí podíamos llegar. Lo aclaran en la película, para saciar el hambre de entretenimiento del pueblo, igual que echaban los despojos de la comida por el barranco de la abadía, les permitían algunas novelitas, convenientemente revisadas y retocadas. Una limosna cultural y para que se creyeran que sabían todo puesto que no sabían lo que se perdían.

Hoy ha cambiado todo para que nada cambie. Se ha conseguido convencer al pueblo de que no reclame ese conocimiento, que ellos mismos desprecien al que tiene ansia de saber. Haciendo creer al vulgo que sabe lo que tiene que saber, que puede elegir y que elige libremente. Empezaron en la tele. Esa cosa en la que la gente grita y habla de cosas intrascendentes con tanta intensidad que la gente, en su casa, llega a pensar que lo intranscendente es lo importante.

Lo hicieron con el cine. Condensando todo el cine que «había que ver» en un solo estreno multitudinario por fin de semana, uno con una gran estrella de Hollywood, algo que se pueda ver comiendo palomitas, sorbiendo burbujas y se olvide en un eructo al salir de la sala.

Pasó, por supuesto, con los libros, fueron dándoles papilla de conocimientos para que se creyeran que consumían cultura sin saber que estaba previamente masticada. Si querían saber sobre Dios, les daban El código Da Vinci y convertían dudas razonables en aventuras de acción. ¿Que querían leer de sexo? Les sacaban 50 Sombras de Grey camuflándoles su mensaje conservador vestido de cuero. ¿Que los jóvenes quieren leer? Les daban Crepúsculos de jóvenes tristes preocupados por conservar su virginidad...

Y, por supuesto, les masticaron la música, haciéndoles creer que la música es un ruido que llena silencios y no una caricia a tus emociones. De nuevo ocultando la música que hace falta escuchar y enseñándonos sólo esa que basta con oírla.

Ni siquiera les da miedo que en internet se pueda buscar de todo. Porque los listos han conseguido una gente que no sabe lo que hay que buscar y busca lo único que les han dicho que existe. El laberinto perfecto es aquel del que la gente no sabe que puede salir.

Así que ya lo sabes, no quieras saber o ellos podrían perder sus privilegios. Permanece dormido, rumiando los restos que te tiran y con miedo a pasarte de listo. Los listos no permitirán que pases de ellos. Los listos brindarán con champán cada vez que tú pienses que ya lo sabes todo.

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