RONDA DE CONTACTOS

MANUEL ALCÁNTARA

El experimento independentista ha fracasado en Cataluña, pero tiene seguidores a distancia mientras los delitos comunes aumentan en Barcelona casi al 20%, mientras bajan en otras ciudades españolas, como Madrid, Valencia, Sevilla y Zaragoza. Son consecuencias de lo que Azorín llamaba «la varia España» que no se reconoce cuando se mira en su propio espejo. El Gobierno ha expulsado a otros cincuenta y tantos migrantes a Marruecos en lo que algunos llaman devolución exprés masiva y otros crimen de lesa patria. Según se mire, pero lo más fácil es echarle la culpa a los espejos, aprovechando que todos padecen el mal de Alzhéimer, que otros denominamos olvido, más o menos piadoso, según lo que les convenga recordar, que etimológicamente significa volver a pasar por el corazón.

Cambiar de modelo que ha definido cuarenta años de democracia no es cosa que pueda lograrse de un día para otro sobre todo cuando no sabemos si al día de mañana lo reemplazará otro día. Los pesimistas siempre aciertan en sus pronósticos, por eso es mejor renunciar a la condición de adivinos y esperar al día de mañana, que siempre llega para los que seguimos vivos, acarreando nuestra esperanza. Mientras, Pablo Iglesias cada día sonríe mejor cuando le retratan. Los contactos deben seguir, aunque nos dan calambres y la oposición siga jugando fuera del estado y al margen del Estado. Lo que algunos llaman «insurrección catalana» es un mal contagioso, pero en algún sitio hay que poner al difunto, que los que tienen veinte años no saben quién era. Ni falta que les hace.

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