Rioja como enodestino

Diario La Rioja
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El análisis que sobre la salud del enoturismo en Rioja acaba de recibir el Consejo Regulador confirma con datos que el género turístico madurado en torno al vino se ha afianzado ya como un nuevo e importante generador de ingresos para el sector, como un inigualable difusor de imagen para la Denominación y la región y como una inmejorable fórmula de fidelización del consumidor. No en vano, más de 800.000 visitantes eligieron Rioja, lo que la aúpa al liderato entre los enodestinos preferidos por quienes tienen el vino y su mundo como referencia al programar un viaje. Visitantes estos, no hay que desdeñarlo, cuyo gasto medio es notablemente superior al del turista no enológico. Estos buenos datos y la tendencias que señalan no deben, sin embargo, ocultar una realidad: ni Rioja como Denominación ni La Rioja como comunidad autónoma disfrutan ahora de este excepcional estatus gracias a una estudiada, ordenada, y mucho menos coordinada, planificación. Más bien al contrario, el notable resultado es producto afortunado de una suma de buenas iniciativas privadas y públicas y, sobre todo, de la rotunda fuerza del nombre que les es común: Rioja. El estudio que maneja el Consejo es un buen trampolín para apurar la deriva enoturística de manera armonizada entre todos los actores concernidos. El enoturismo no ha hecho casi más que empezar a mostrar la importancia que puede alcanzar en un territorio vitivinícola privilegiado. El propio redactor del análisis señala un reto para Rioja: «El reto de aunar a las distintas administraciones e instituciones, así como los intereses de las grandes y pequeñas bodegas».