EL REVÉS DE LAS VALLAS

MANUEL ALCÁNTARA

África ha despertado y lo primero que ha pedido es el desayuno. Hay 50.000 personas al otro lado de las vallas y todas quieren alcanzar lo que le habían prometido, pero la Luna no nos ha traído fortuna. Hace dos días, el Consejo de Ministros decidió aprobar la llamada «sanidad universal», restringida por el Gabinete anterior. Se trata de salir de un atolladero para meterse en otro, con la esperanza de que algún día serán mejores que los que ahora nos agobian. Todos quieren llegar a la tierra prometida, pero lo prometido ya no es deuda sino duda. Gobernar consiste en enfrentarse a los contratiempos que el Gobierno ha traído mientras a los guardias civiles les tiran no únicamente piedras sino ácidos y cal. La batalla más dura en España es contra ella misma y arranca desde lejos, mucho antes de que alguien hablara de que había dos países y muchos más paisanajes.

Pablo Casado prometió a Soraya Sáenz de Santamaría algo que no estaba ni en sus manos ni en su agenda: respeto, generosidad y tiempo. Pero cuando se llevan mal los asuntos que en principio eran menores se convierten en grandes. El PP desea que terminen el barullo y las cuitas internas para coser las heridas que siguen supurando. Al problema de las vallas se une el del Valle de los Caídos. ¿Dónde puede llevarse el muerto para que no siga perturbando a los vivos? Lástima que algunos difuntos, que previeron tantas cosas, no hubieran previsto su evaporación.

Anteayer llegaron a las playas de Tarifa unas cincuenta personas porque el 50% de los que huyen a Europa lo hacen a través de España. A los mayores nos faltan fuerzas. La vejez, como ha reconocido José Manuel Caballero Bonald, es «una maldita sucesión de pérdidas».

 

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