El reto de modernizarse

El reto  de modernizarse

ANTONIO PAPELL

El Fraunhofer Institute of Industrial Engineering ha publicado un estudio en el que afirma que la transición a los vehículos eléctricos dará lugar a la pérdida de unos 75.000 puestos de trabajo bajo unas premisas determinadas: que, en 2030, el parque automovilístico sea aún un 60% de combustibles fósiles, un 15% de híbridos y un 25% de eléctricos. Si esta transición se acelera, los puestos de trabajo eliminados podrían alcanzar los 100.000, de un total actual de 840.000 empleos. La electrificación, que simplifica la fabricación de motores y el ensamblaje, tendrá además otros efectos indirectos que también reducirán el empleo: el mantenimiento es mucho más simple (habrá menos talleres de reparaciones) y la automatización de la conducción se acelerará, con la pérdida de conductores.

El problema es arduo y hay que darle respuestas: ¿tendría sentido paralizar de algún modo este proceso, manteniendo en lo posible los contaminantes motores de combustión interna para no generar un problema social? Como se sabe, las sucesivas revoluciones industriales han tenido enemigos por la misma causa; los ludistas, a principios del XIX, fueron los más ruidosos.

Jeremy Rifkin en 'La sociedad de coste marginal cero' analiza la evolución de la humanidad hacia el internet de las cosas, el declive del sistema capitalista, el derrumbe de la verticalidad de las estructuras empresariales tal cual las conocemos, o el pro-común colaborativo (una nueva forma de autogestión sustentada en las nuevas tecnologías y en la globalización de la comunicación). Pero en todo caso lo evidente es que sólo la consecución de mayores tasas de productividad conseguirá salvar el planeta, satisfacer las necesidades de todos sin destruir el medio ambiente, liquidar los trabajos más penosos y dignificar al individuo. Quizá haya que recurrir a instituciones nuevas, como la polémica renta básica universal, pero hay que huir de la tentación de limitar el progreso para evitar sus efectos marginales negativos. Después de todo, los negros pronósticos que se lanzaron al hilo de las anteriores revoluciones industriales con respecto al empleo no se cumplieron.

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