Repúblicas

El guarda forestal vivía su república virtual y el mosso d'esquadra en la realidad constitucional

JUAN CARLOS VILORIA @J_CVILORIA

El famoso incidente entre el manifestante y el mosso d'esquadra terminó con un bronco: «La República no existe, idiota». Seguro que al guarda forestal que empujaba la línea de los defensores del orden público la frase le sentó peor que un zurriagazo con la porra porque fue un trallazo a su mundo imaginario. El problema es que el adoctrinamiento ha convertido el tótem republicano en una especie de nueva religión para sus acólitos. El guarda forestal manifestante ya vivía en su república virtual. El mosso, en la realidad constitucional. Durante años, los mapas de los Països Catalans en la revisión de la historia medieval han dibujado en el imaginario colectivo nacionalista una especie de nación catalana sin estado cuya Itaca final debería ser una república catalana. ¿Pero qué tipo de república? Porque los Comunes (Podemos) acaban de difundir el esquema de su fórmula republicana y la confusión entre modelos no ha hecho más que agrandarse. «Una constitución catalana en una república española plurinacional», proponen. Un Frankenstein político de primera magnitud. Una fontanería que más que una aportación a la historia de las ideas, parece un placebo para calmar a los yonkis de la autodeterminación y situar al podemismo catalán en un espacio etéreo entre el catalanismo, la revolución social, lo antisistema y Ada Colau. Porque república y plurinacional son incompatibles con los principios que iluminan el republicanismo ideológico: libertad, igualdad y fraternidad. Si es plurinacional no es igualitaria. No tienen más que mirar aquí al lado donde van por la Quinta República y allí no se mueve nada en la periferia que no tenga el visto bueno de la Asamblea Nacional.

El modelo republicano por excelencia, el democrático, el referente universal es el surgido de la revolución francesa. Y su principal característica fundacional y constitucional es que la república «es una e indivisible». Por su propia esencia pretende integrar todas las diferencias en el corpus laico y republicano a través de la escuela pública. Y por tanto rechaza las reivindicaciones étnicas o religiosas. Y en menor medida, pero también, las lingüísticas. ¿A dónde vamos con el modelo francés? La Constitución española del 78 es más flexible, abierta, comunitaria y plural que la República gala. La república no es la garantía de sufragio universal, separación de Iglesia-Estado y libertad de reunión. Cualquier monarquía parlamentaria ha asumido desde la revolución francesa esos fundamentos. ¿Y la República Federal Alemana? Como modelo tampoco ofrecería un horizonte más atractivo para los nacionalistas. Porque aunque Baviera se denomine estado libre; Berlín, ciudad-estado; y Hamburgo, ciudad-libre, al final son parte de una nación donde todos los estados tienen los mismos poderes y las mismas competencias. Y en las últimas reformas federales, ante la descordinación administrativa, Berlín se está reservando cada vez más competencias.

 

Fotos

Vídeos