Relevo en la Moncloa

La apuesta de Sánchez por gobernar con 84 escaños socialistas solo cuenta con una base solvente: los Presupuestos del PP

La decisión del PNV de apoyar la moción de censura socialista, y secundar así la investidura de Pedro Sánchez, sitúa al presidente Rajoy ante la encrucijada de dimitir, y dar paso a un Gobierno en funciones que pudiera mantener el equilibrio parlamentario de la legislatura, o continuar en su sitio hasta la votación en la que 180 diputados y diputadas le desalojen esta tarde de la Moncloa. La ausencia de Rajoy del hemiciclo en la tarde de ayer atestiguó el sorprendente desconcierto en que el Gobierno y el PP se sumieron al tener noticia de la posición del nacionalismo vasco, como si no hubiesen previsto tal supuesto. La secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, se adelantó al anunciar que el presidente no dimitiría porque ello no aseguraría la continuidad de su formación en el Ejecutivo. Pero dimitiendo podría evitar un vuelco político de la envergadura del que se anuncia para -como señaló el líder de Ciudadanos, Albert Rivera- procurar un final ordenado de la legislatura que desemboque en elecciones generales en breve plazo. De esa manera, el posible cambio quedaría en manos de las urnas. Los escaños que ha sumado Sánchez a favor de su moción de censura son más que los contrarios, y el voto popular que representan unos y otros reúne un número similar de ciudadanos. Pero ni la regeneración democrática está garantizada mediante la alternancia conquistada a través del mecanismo constitucional de la moción de censura, ni los 180 parlamentarios representan una alternativa más cohesionada que las mayorías que se han ido conformando en esta legislatura en torno a los Presupuestos o la aplicación contenida del 155. Paradójicamente, la apuesta de Sánchez por gobernar sobre la base de los 84 escaños socialistas, durante un tiempo que pretendería prolongar para desarrollar una acción ambiciosa en su enunciado -normalidad institucional, diálogo en torno a Cataluña, agenda social y medioambiental-, solo cuenta con un elemento solvente: las Cuentas del Estado de 2018 aprobadas hace una semana con los votos de PP, Ciudadanos y PNV. Es de esperar que, a lo largo del pleno de hoy y antes de la votación, Pedro Sánchez clarifique los términos de sus intenciones de Gobierno y la agenda que pretende impulsar en el tiempo. Es de esperar que acabe de perfilar cuál es su posición respecto a las exigencias de Pablo Iglesias y ante los requerimientos del independentismo catalán.

ELGOBIERNO MÁS MINORITARIO. El vuelco político anunciado para hoy, sin que medien elecciones, es inédito en la historia de la democracia española; y resultaba poco menos que impensable, en tanto que resulta excepcional en los sistemas parlamentarios. El desenlace parece haber cogido por sorpresa al partido en el Gobierno. Pero tampoco hay indicios de que la formación que lo sustituye esté preparada para afrontar la tarea en semejante minoría. El desarrollo de la jornada de ayer dejó dos motivos de preocupación añadidos. Por una parte, la situación en la que se encuentra el primer partido del país tras un largo período de hiperliderazgo, encarnado por Mariano Rajoy, mientras arrecian los procesos judiciales por corrupción. Situación que no hace fácil su renovación y eventual recuperación política. Por la otra, la constatación de que los líderes partidarios mantienen muy difíciles relaciones entre ellos, de desconfianza mutua e incluso de inquina personal. Ello cuando el descrédito general ante los ciudadanos solo podría superarse mediante un ejercicio más dialogante, respetuoso y constructivo de la administración de los intereses públicos.

 

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