Reactivación laboral

Una población activa al alza, más contrataciones y más empleos indefinidos abren una ventana de esperanza

La recuperación económica se proyectó durante 2018 sobre el mercado laboral, dando lugar a una serie de datos positivos cuyo anuncio es, en sí mismo, un incentivo añadido para la reactivación general. El año terminó con más de 19 millones de afiliados a la Seguridad Social (128.495 en La Rioja), equiparándose prácticamente al último ejercicio anterior a la crisis, 2007. Destaca la sólida presencia de las mujeres en el mundo laboral, con 8,8 millones de afiliadas. Por su parte, el desempleo fue a menos, con 3,2 millones de parados finales (16.191 en la comunidad autónoma); la referencia más halagüeña desde 2008. Una cota que permite albergar esperanzas en su paulatino decrecimiento. La mejora experimentada por la ratio entre cotizantes y pensionistas brinda al sistema de Seguridad Social argumentos momentáneos para aferrarse a su sostenibilidad. La ministra de Economía, Nadia Calviño, se mostró ayer confiada en que España no padecerá una nueva crisis. Aunque resulta lógico pensar que tanto el aumento de las contrataciones como la reducción del desempleo experimentarán una desaceleración más o menos acusada debido a las incertidumbres globales. Téngase en cuenta que ha sido el período navideño, junto a la gripe y otras dolencias estacionales, las que han colocado el broche de los contratos de diciembre para culminar el año. También por eso, en medio de tan optimistas informaciones, es necesario fijarse en aquellos aspectos que matizan el panorama o incluso pudieran ensombrecerlo. El auge de las contrataciones refleja también la perpetuación de la precariedad laboral en España, dando lugar a que sean muchos los trabajadores abocados a la firma sucesiva o discontinua de contratos que jalonan la inestabilidad dada la breve duración de muchos de esos vínculos, que son también objeto de una particular rotación entre distintos puestos de trabajo. El Gobierno insistió ayer en la necesidad de subir los salarios para, así, compactar el crecimiento económico dignificando la posición de todos los trabajadores. La fórmula resultaría perfecta, a la hora de animar el consumo interno y de apuntalar el propio empleo. Pero es más que probable que continúe siendo la prueba del nueve que la mejoría en el mercado laboral requiere para corroborar la solidez del empleo.

 

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