Son nuestras raíces, es nuestra cultura

Renunciar a la clase de Religión católica es reducir el conocimiento de nuestro patrimonio, es desconocer las raíces en las que nos fundamos, es limitar el conocimiento de nuestra cultura. Es renunciar a nuestra propia esencia

Dice el refranero español que bien está lo que bien termina, y eso es lo que nuestros escolares riojanos están deseando: ¡terminar! Y precisamente, porque ya se acaba este curso, tenemos que ir pensando en el siguiente. Es normal que algo importante no se improvise, sino que se medite y se analice. Y eso es lo que muchas de las madres y padres de La Rioja hacen cada año al matricular a sus hijos en la clase de Religión católica. Los apuntan porque para ellos esta asignatura es importante. Quieren que sus hijos estén educados en todas las dimensiones de su persona, es decir, que tengan una educación integral, porque saben que son ellos los responsables de la educación de sus hijos. Saben que ese es su derecho y que en una sociedad libre como la nuestra pueden y deben ejercerlo.

En el Congreso Internacional 'La identidad europea', celebrado recientemente en Barcelona, rememorando a Teodoro Heuss, primer presidente de la República Federal Alemana (1949-1959), se volvía a afirmar que «Europa nace sobre tres colinas: la de la Acrópolis, la del Capitolio y la del Gólgota». De ahí la explicación de Navarro Valls: «Lo que quería decir Heuss es que nuestros esquemas mentales se basan en la filosofía griega, en especial, Platón y Aristóteles; nuestro Derecho es el romano; pero la ética que impregna una y otro es la cristiana». Se entiende así que la existencia de una asignatura de Religión en la enseñanza Primaria y Secundaria no solamente no sea inconstitucional sino educativamente razonable y constitucionalmente plausible. Lo primero, porque al ayudar al alumno a bucear en sus raíces identitarias le enriquece. Lo segundo, porque es el vehículo adecuado para que se actualice al artículo 27.3 de la Constitución española: ''Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones''».

En La Rioja, el 70% del alumnado en edad escolar ha optado este curso por la asignatura de Religión católica, dato a tener muy en cuenta. En nombre de todos los profesores de Religión católica lo agradezco y animo a que se continúe optando por esta asignatura, que no es catequesis. Una asignatura que está insertada dentro del sistema educativo, integrada con el resto de saberes, en la que no se evalúa la fe, sino los conocimientos.

Porque para valorar lo que tenemos, hay que conocerlo antes. Y es un hecho que nuestro patrimonio cultural, fiestas, tradiciones y costumbres deben su origen y desarrollo a un sustrato y unas vivencias religiosas sin los que no podrían entenderse. Cuando alguien visita nuestra tierra riojana, descubre la belleza de las catedrales, iglesias o ermitas. Enseñamos con orgullo nuestras procesiones y nuestras fiestas patronales. Nos gloriamos de nuestros monasterios. En uno de ellos, el de Suso en San Millán de la Cogolla, se escribieron las primeras letras en castellano, en las que se invoca a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y allí un monje, Gonzalo de Berceo, el primer poeta castellano de nombre conocido, nos legó, con la maestría consumada del mester de clerecía, un monumento lírico (Milagros de Nuestra Señora...) de gran hondura y belleza.

El Ebro trajo de Roma el cristianismo y dos soldados, los santos mártires Emeterio y Celedonio, dieron origen a nuestra Diócesis. Y somos también una encrucijada de caminos que, de la mano de Santo Domingo de la Calzada, nos lleva hasta el finis terrae. Los valores evangélicos de la alegría, la hospitalidad, la tolerancia, el respeto, la apertura al diferente, el compartir la mesa..., conforman el ser riojano.

En definitiva, renunciar a la clase de Religión católica es reducir el conocimiento de nuestro patrimonio, es desconocer las raíces en las que nos fundamos, es limitar el conocimiento de nuestra cultura. Es renunciar a nuestra propia esencia.

Para los padres y madres lo más valioso son sus hijos. Y, como quieren lo mejor para ellos, son muchos, los que año tras año los matriculan en clase de Religión católica. Y yo les animo a que lo sigan haciendo. Depositan a sus hijos en nuestras manos, como quien entrega un tesoro, especialmente cuando van al colegio con 3 años. Por eso, agradezco sinceramente la confianza que ponen en nosotros, y les aseguro que para todos los profesores de Religión Católica de La Rioja esos niños también son lo más preciado que tenemos.

Si, como dice el Papa Francisco, «todos tenemos que aprender a quitarnos las sandalias ante la tierra sagrada del otro» (EG169), sepan que para los profesores de Religión católica de La Rioja sus hijos, nuestros alumnos, son nuestra Tierra Sagrada. Por eso, como hizo Moisés, tratamos día a día de quitarnos las sandalias ante ellos, educándolos con dedicación y respeto en los valores que les ayuden a ser más felices en la vida, a salir de ellos mismos y encontrarse con los demás, a buscar el sentido pleno de su vida: el bien, la bondad y la belleza que para nosotros es Jesucristo.

Sigamos todos juntos la hermosa tarea de hacer un mundo mejor. Para ello, recuerda: ¡apunta a tus hijos a clase de Religión católica!

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