MIENTRAS SE PUEDA

MANUEL ALCÁNTARA

La que seguimos llamando comunidad política, aunque tenga pocas cosas en común, acaba de dar esta legislatura por definitivamente perdida. Simplemente la sigue dando por aplazada y la pelea sigue, porque el vencedor se confunde con el derrotado y así seguirá siendo el panorama hasta que haya unas elecciones generales. Lo curioso es que los que las desean son los mismos que las temen. Parece que España le tiene miedo a ella misma porque no sabe por dónde va a salir si de verdad se lo preguntan. Lo que denominamos desafío soberanista sigue aguardando porque el rival no comparece mientras no tenga claro quién es el enemigo. Los arúspices creen que no lo sabremos nunca hasta que no acudamos a las urnas. Mientras, Rodrigo Rato, quien fuera vicepresidente del Gobierno y presidente de Bankia, se disculpa ante la sociedad en general al mismo tiempo que ingresa, con todos los deshonores, en la madrileña cárcel de Soto del Real, donde caben casi todos y no sobra ninguno. Tiene que cumplir don Rodrigo una condena de cuatro años y medio por apropiación indebida en el caso de las tarjetas 'black'.

Más grave aún que esto es que el Supremo siente en el banquillo al 'procés' y abra juicio oral a Junqueras y otros 17 líderes independentistas. A este ritmo nos pueden faltar guardianes, mientras seguimos hablando del «no es no» de Sánchez que sabía lo que le caía encima y procuraba que no le cayera debajo. La convocatoria de elecciones generales cada vez es más urgente y más aplazable. Son cosas compatibles, pero tenemos miedo a elegir porque esta palabra equivale a renunciar y no renunciamos a nada, mientras se pueda.

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