PROMETER LA DERROTA

MANUEL ALCÁNTARA

Durante el llamado 'marianismo', que ahora tiene sus nostálgicos, nos prometieron cosas de obligado cumplimiento. Nos las creímos casi todos, especialmente los que eran jóvenes, pero ahora advertimos que también se ha extraviado el voto joven. Los que viven en las grandes ciudades, en gran proporción, se han refugiado en Ciudadanos y otros siguen buscando refugio porque no les gusta ese albergue. Es lo que algunos llaman 'brecha generacional', que se caracteriza porque hospeda a personas de muy variada edad unidos por el desencanto. Las dos formaciones, a las que hay que añadir Vox, han emprendido un combate sin posible vencedor, que es la mejor manera para no salir derrotados. La encrucijada se ha vuelto escaramuza y ninguno da su brazo a torcer porque ya lo tiene bastante retorcido de tanto hablar por los codos.

Es cierto que el nuevo jefe del PP ha heredado un mandato indeseable que no puede rechazar sin decepcionar a buena parte de sus votantes, ni a los que forman parte de la mala. Seguir hablando de cainismo sólo consigue que huyan los más abeles. Somos como somos y eso, que no está claro, no lo sabremos hasta que haya nuevas elecciones generales. La división del llamado centro-derecha ha contribuido a descentrarnos. Tiene que pasar mucho tiempo para que los litigantes acuerden cuál es la mejor manera para sobrellevar el litigio. Hasta ahora no ha habido tiros, pero las armas están cargadas. Las promesas de derrota acaban siempre por cumplirse. Unas más tarde y otras más pronto, pero su reloj no coincide con el nuestro. Uno de los dos está parado.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos