La profecía

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JULIO ARMAS

Fue periodista, abogado laboralista y escritor. Había nacido en Valencia. Llegó a ser columnista de medios de comunicación tan dispares como 'El Alcázar' y la revista 'Interviú'. Como escritor fue, sin ninguna duda, el más exitoso de su época. De sus libros, tanto aquí como en Hispanoamérica, se vendieron millones de ejemplares. Se llamaba Fernando Vizcaíno Casas.

La última vez que estuve con él fue comiendo unas chuletas en la bodega de unos amigos de Fuenmayor. Las chuletas estuvieron bien, los tocinillos de cielo más que bien y el vino magnífico, pero ninguna de estas tres cosas estuvieron a la altura de la sobremesa.

Fernando era un tertuliano de excepción, inteligente, culto, brillante. Ya hacía tres años que se había editado, con un éxito fuera de lo común (llegaron a tirarse hasta cuarenta y dos ediciones), su novela «... Y al tercer año resucitó» y en esos momentos otra novela suya, «Las autonosuyas», estaba rompiendo los estándares de venta en las librerías.

- Me ha gustado mucho Fernando -le dije.

- Me alegro.

- Lo que más me ha gustado ha sido el detalle ese de que, en el juicio, para hablar entre catalanes y vascos tuvieron que poner intérpretes.

- Ja, ja, ja -rieron los amigos que nos acompañaban-. Mira que eres exagerado.

- Reíros, reíros... ya veremos... ya veremos -dijo Fernando.

Y ya lo hemos visto. Y, aunque él ya no está para recibirla, hoy desgraciadamente tendríamos que darle la razón y eso por muy estúpida que nos parezca la cosa. Hoy, gracias a algunos de nuestros políticos siempre variopintos, siempre multicolores, siempre más motivados por el «sanpamí» que por el «sampanosotros», hemos de reconocer que don Fernando Vizcaíno Casas llevaba razón. Hoy hay partes, en esta España camisa blanca de mi esperanza, en las que hay españoles que necesitan intérpretes para hablar con españoles. Que se necesiten ya es una señal de lo tonto que se puede llegar a ser, pero es esta una tontería que podríamos disculpar... si se quedara en casa. La ropa sucia se lava en casa, pero seguir haciendo el bobo cuando vienen visitas... esto ya no es de recibo.

¿Y por qué les digo esto? Pues verán, les cuento. Resulta que en esa TV3 (que a mí me parece la Voz de su Amo de los independentistas) hay un programa que se llama «Preguntes frequents» (¿Les hace falta interprete?) Pues bien, en este programa, hace muy pocos días, entrevistaron a don Sergio Fajardo, exalcalde de la ciudad de Medellín, ese municipio colombiano capital del Departamento de Antioquía. Y hasta aquí bien. En la entrevista, a más de la entrevistadora y el entrevistado, estaba Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona.

- No hablo catalán -dijo el entrevistado en un castellano que desprendía aromas de café con melao de pamela.

- No se preocupe, que no pasa nada -le dijo la entrevistadora poniéndole un pinganillo en el oído.

Y así, y aunque a ustedes les parezca mentira, en lugar de celebrar la entrevista hablando en ese maravilloso idioma nuestro castellano, que era el que los tres dominaban, la entrevistadora hacía las preguntas en catalán y supuestamente el entrevistado las recibía traducidas al castellano por el pinganillo.

Pero digo supuestamente porque al parecer, en un momento determinado de la entrevista, el sistema ese del pinganillo se «descarajó» y como la entrevistadora no cejaba en su empeño de preguntar en catalán y el exalcalde seguía sin entender nada, la alcaldesa de Barcelona se vio en la obligación de servir de interprete e ir traduciendo las preguntas al castellano. Y todo esto mientras el bueno de don Sergio, sin entender nada, preguntaba con los ojos extraviados por qué no le hacían las preguntas «en español... bueno en castellano...» (sic) ya que era el idioma que hablaban los tres.

En resumen, que don Fernando llevaba razón y que por aquí, por casa, tenemos algunas habitaciones en donde no cabe un tonto más. Así de sencillo. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

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