LA PRIMERA PREGUNTA

MANUEL ALCÁNTARA

Nos estamos interrogando sobre cuál será el sentido de la vida. Ya Albert Einstein, al que no hay que suponer menos curioso que nuestros políticos, se hizo la misma pregunta y respondió que «vivimos para los otros». Incluidos los que no nos dejan vivir en paz. La llegada de turistas se ha frenado en parte, aunque siga en máximos. Fueron 8,5 millones los que entraron para ver como éramos y cómo seguimos siendo a pesar de todos los pesares, que a ellos les pesan menos que a los nativos. Cataluña sigue siendo la comunidad autónoma más visitada, con la excepción de Baleares. Tienen curiosidad por ver no sólo cómo somos, sino por comprobar cómo seguimos siendo. Albert Einstein, que no era creyente porque no se podía imaginar un dios que recompense o castigue a los objetos de su creación, tampoco podía concebir que nadie trascendiera a su muerte corporal. «Que sean las almas débiles las que por miedo o egoísmo se alimenten de tales pensamientos», llegó a decir, pero la mayoría de la gente se empeña en saber a qué ha venido al mundo.

No es probable que sea para comprobar que la ayuda de la Unión Europea contra la inmigración es insuficiente, o que Pablo Casado pide un nuevo 'Plan Marshall'. Tienen que tener otros móviles más inmediatos y menos laboriosos. ¿Cómo puede saberse eso de que para qué hemos venido al mundo? Muchos millones de criaturas dicen que si lo llegan a saber no hubieran venido, pero ya es tarde para escoger y estamos en el mismo barco, aunque sus camarotes sean muy desiguales. Vivimos en un país privilegiado que jamás ha sabido aprovechar sus privilegios. A quienes nos gusta el enigma de la creación nos apesadumbra menos no saber cuál será el sentido de la vida. Quizá sea únicamente vivir, por mucho calor que haga.

 

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