EL PRECIO DE LA HUELGA

MANUEL ALCÁNTARA

Todavía no se han hecho cuentas, pero se reconoce que son incontables. Las huelgas nunca son bonitas, salvo para quienes las encabezan, pero sobre todo no son baratas. Nos salen carísimas a quienes no participamos en ellas ni siquiera para hacer bulto y comprobar que Pedro Sánchez está desbordado por sus más fieles seguidores, que están cansados de seguirle. La consecuencia es que no sabemos dónde poner los ojos sin que nos hagan daño a la vista. La economía española se ha frenado y según los expertos, crece a su peor ritmo desde 2014, que parece que fue ayer, pero han pasado muchos más días y siguen las ofertas rechazables. Entre ellas, las dos más considerables son sobre Cataluña y sobre la inmigración. Dos escorpiones que se muerden la misma cola y cuando descansan es para tomar nuevas posiciones para seguir pegándose bocados.

No es del todo cierto que nuestros políticos se dividan en dos clases: los que se llevan mal y los que aspiran a llevárselo todo. Es un oficio muy duro, que no obstante tiene muchos seguidores, convencidos de que España es un lugar manifiestamente mejorable, pero no son los mismos que tiene que mejorarlo, aunque se empeñan en no cambiar de sitio a condición de seguir moviéndose. ¿Está Sánchez tan desbordado como asegura el PP mientras Ciudadanos pide elecciones? El independentista Quim Torra tiene 112 asesores y sabe que uno de ellos lleva razón, pero ignora cuál es. Lo que conocemos todos es que la huelga le lleva costado al taxi 50 millones de euros mientras el paro sigue, aliviado con servicios mínimos gratuitos. En general son los que cuestan más caro, pero esto sólo se sabe cuando se echan cuentas y es pronto todavía.

 

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