PONER CONDICIONES

MANUEL ALCÁNTARA

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, está dispuesto a darle el ansiado 'sí' a la moción de censura, que es más bien una emoción, pero antes quiere aclarar algunas cosas que están turbias hasta la putrefacción. Quiere saber en qué va a quedar la libertad de los presos políticos y regreso de los otros prisioneros encausados por el 'procés' y lo primero que ha puesto en tela de juicio son las condiciones para apoyar la moción de censura contra Rajoy que impulsa el PSOE. Lo que está en el debate no es solo el derecho de autodeterminación porque no se sabe ni dónde empieza ni dónde termina, si es que termina en algún sitio que no sea el independentismo. Los males de desamor solo se curan con la presencia y la figura, pero Puigdemont sigue lejos, aunque domina mejor que nadie el mando a distancia.

Ahora lo que nos distrae más es el salvamento de la consulta sobre el chalet de Irene Montero y Pablo Iglesias, que ha sido rechazado por un tercio de sus votantes. A mucha gente le preocupa más el dinero de los otros que el suyo. De eso proviene lo que pudiéramos llamar 'moción de desconfianza'. Cuando no hay más carne que poner en el asador, se ponen condiciones, pero cada día hay más españoles que creen, en su fuero interno o en su fuero medio pensionista, que unas elecciones generales son inevitables. ¿Son tan temibles las urnas? La sentencia sobre el 'caso Gürtel' gravita sobre todos nosotros, incluso por los que jamás han estado en Cataluña y no saben que tienen los mismos defectos que el resto de España, además de algunas virtudes que los otros españoles nunca hemos tenido. El anticatalanismo afecta especialmente a los que nunca han estado en Cataluña y ahora tendrán que darse prisa, porque el que quiere ir se acaba yéndose. Sin poner condiciones.

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