Un político de otro tiempo

Con Rubalcaba desaparece un hombre con sentido de Estado que supo combinar la defensa de sus creencias y los acuerdos entre diferentes

Un político de otro tiempo
Diario La Rioja
DIARIO LA RIOJA

La muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba deja a la política española sin uno de sus protagonistas más destacados desde la Transición. Pieza clave en los gobiernos de Felipe González primero y de José Luis Rodríguez Zapatero después, su figura encarna a la generación que puso los cimientos de un Estado moderno y plenamente homologable con las principales democracias europeas como el que hoy conocemos. A un grupo de servidores públicos de dispares ideologías que, tras la demolición de las estructuras franquistas encabezada por Adolfo Suárez, supo poner el sentido de Estado por encima de los legítimos planteamientos partidistas para satisfacer las ansias de progreso latentes en la sociedad española. En una coyuntura como la actual en la que el entendimiento entre diferentes es tan infrecuente como imprescindible ante la fragmentación del mapa parlamentario, Rubalcaba constituye un magnífico ejemplo de que resulta compatible una firme defensa de las ideas propias con la capacidad de muñir acuerdos en aras del bien común. Por eso, con el exsecretario general del PSOE -un moderado que abominaba de los populismos de izquierda y de derechas ahora tan en boga-, desaparece un representante de la vieja política en el mejor sentido de la expresión: de la que hizo posible la consolidación y el ensanchamiento de las libertades en medio de amenazas de todo tipo.

El broche estelar a sus tres décadas de dedicación a la vida pública fue la derrota sin paliativos de ETA ante el Estado de Derecho, materializada en el cese del terrorismo por parte de la banda en octubre de 2011, durante su etapa como ministro del Interior. El final de la violencia fue fruto de una intensa labor de años en múltiples frentes -policial, judicial, diplomático...- y con protagonistas diversos, que Rubalcaba culminó con una mezcla de firmeza policial y diálogo político entre bambalinas que acabó con medio siglo de barbarie asesina por parte del fundamentalismo abertzale. Los elogios y el respeto con los que le despidieron ayer representantes de todo el arco parlamentario retratan a un político de otro tiempo con una dimensión que va más allá de su adscripción partidista.