PLAN DE OTOÑO

MANUEL ALCÁNTARA

La ley de memoria se presta al olvido y por eso el presidente del PP, Pablo Casado, ha propuesto cambiarla por otra y llamarla ley de la concordia, para probar si hay alguien que la cumpla, por gusto o por la fuerza. ¿Ganaríamos algo los que estamos tan hechos a perder que hasta ganar nos enfada? Hay que reivindicar la Transición y relegar la lectura sectaria de la Historia con una entidad que de momento tiene un hermoso nombre y se llama Concordia y Libertad, y va a ser presidida por el hijo de Adolfo Suárez, mientras que su padre se convierte en aeropuerto. Es el destino de los grandes hombres: transformarse en un fonema.

Lo que quiere el presidente del PP es reivindicar la Transición y relegar lo que llama «la sectaria lectura de la historia», pero no han pasado los suficientes años, que en estos casos siempre andan más despacio que nuestros deseos. La crispación catalana únicamente se corregiría en parte aplicando el artículo 155, que es cada vez más un artículo de primera necesidad. Para muchos españoles se ha transformado más que en un derecho, en una obligación. Lo que seguimos denominando algunos como 'la región catalana' se le ha ido de la mano incluso a Quim Torra, que teme hablar con Pedro Sánchez para no ahondar en la herida y prefiere que cicatrice sola. Mientras, lo que más urge es celebrar un referéndum en Cataluña antes de que las hojas caigan y las musas engorden. Y sobre todo, antes de que haya que pedir un pasaporte para ir a Cataluña firmado por Puigdemont o por Torra.

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