PIM-PAM-PUM, COMISIÓN

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ EL TRAGALUZ

El artículo 76 de la Constitución recoge las comisiones parlamentarias de investigación en las Cortes Generales y ello llevó a los parlamentos autonómicos a dotarse de similares mecanismos de control democrático. Sin embargo, los políticos las han pervertido convirtiéndolas en un espectáculo del pim-pam-pum, en lugar de procurar destinarlas para los que deben ser sus objetivos: impulsar el debate público y buscar responsabilidades políticas sobre hechos escandalosos, impropios de quienes ejercen la representación de la ciudadanía.

Pero, y los lectores de este diario ya han tenido pruebas más que suficientes, tanto por lo que ocurre en el exconvento de La Merced, como en las cámaras nacionales y regionales, de que estos instrumentos de vigilancia nacen envilecidos pues los políticos se sirven de ellos para jugar a ser jueces durante unas semanas, generando una enorme confusión en los ciudadanos, que esperan que las condenas lleguen de los tribunales. O eso, al menos, es lo que tienen entendido.

La mayoría de los comparecientes no se toma las citaciones con la consideración debida sabedora de que no se juega sanción alguna. Da mucha vergüenza hacer un repaso a la hemeroteca para comprobar respuestas insolentes, suficientes y jactanciosas. Y esto es así porque las comisiones se han transfigurado en platós mediáticos para ajustar cuentas con los contrincantes y, si es posible, interrogarles de la manera más perdonavidas, petulante y chulesca que se pueda. Eso aporta titulares graves en los periódicos... y es lo importante. No si finalmente esta herramienta de supervisión funciona y emana conclusiones esclarecedoras.

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