¿Pero estos no eran...?

JULIO ARMAS

Dicen los unos que tras la formación de ese gabinete ministerial en el que hay de todo un poco, como en botica, las cosas llevan camino de arreglarse a gusto de todos. Bueno es, pero mejor sería si, en lugar de decirlo los unos, lo dijeran los unos y los otros.

No creo yo que deba de dársele mucha leña al nuevo gobierno. Con la que van a darle sus oponentes, más la que va a recibir de parte de sus aliados, creo yo que tendrán más que suficiente para mantener el fuego encendido en esa isla de supervivientes en la que se ha convertido la Moncloa.

Y es que miren, les voy a poner un ejemplo de las cosas que están pasando. Decir que el principal problema que España tiene es el prusés catalán no es decir nada nuevo. Decir que este es un tema que hay que arreglar cuanto antes tampoco lo es. El nuevo gobierno lo sabe y por eso ha decidido solucionarlo lo antes posible. ¿Cómo? Pues encargando a la barcelonesa ministra Batet que lo arregle de la mano del barcelonés señor Iceta y del cordobés y siempre discreto José Montilla.

Y es aquí donde a un servidor, que en estas cosas trata de opinar con más lógica que interés partidista, le saltan las alarmas y empieza a temer que se haya puesto al zorro a cuidar a las gallinas, porque vamos a ver: ¿Esta ministra Batet no es aquella Batet que por tres veces apoyó en el Congreso un referendo independentista pactado? ¿Este señor Iceta no es el mismo Iceta que en la última campaña electoral, y antes de que los suyos le tiraran de las orejas, ya había planteado la posibilidad de conceder el indulto a los dirigentes independentistas que pudieran ser condenados por sedición, rebelión, malversación...? ¿Y este señor Montilla no es aquel que hace unos años se puso al frente de una manifestación claramente independentista bajo el lema: Som una nació, nosaltres decidim?

¿Estos son los mejores paladines que el señor Sánchez ha encontrado para tratar de resolver el principal problema que tiene España? Si son estos los que van a defender los intereses generales de todos los españoles: virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

¿Y por qué tengo mis serias dudas de que estos cambios tiendan a solucionar el problema de una forma razonable?, pues porque veo que entre lo que se hacía y lo que se pretende hacer la distancia es notable.

Antes. Un grupo de personas, de forma reiterativa y saltándose la Constitución a la torera, se estaba pasando las leyes existentes por el arco del triunfo. Como la situación se volvió insostenible se tomaron las medidas necesarias para que estas cosas dejaran de suceder y entre las medidas que se tomaron estuvo la de aplicar la legislación vigente. Y ya está.

Ahora. Ante un hecho como el relatado líneas arriba nos encontramos con otra posibilidad de actuación, en esta ocasión comentada por la ministra Batet: si el problema es que un grupo de personas están saltándose la Constitución a la torera, la mejor forma de acabar con el conflicto es cambiar la Constitución y cambiar las leyes. Muerto el perro se acabó la rabia.

Y es que para solucionar los problemas del prusés dice la ministra Batet que una reforma de la Constitución es «urgente, viable y deseable». Y yo, qué quieren que les diga, urgente no sé si es, que sea viable lo doy por supuesto y en lo referente a deseable pienso que como siempre lo será para unos y no para otros, pero ahora bien, de lo que sí estoy convencido es de que esto de ir modificando la Constitución a medida de las necesidades provocadas por su incumplimiento, a más de extravagante me parece una medida harto peligrosa.

Y es que, señor Sánchez, hay que tener mucho cuidado con los compañeros de viaje que uno se busca, porque si la elección se hace a la ligera, puede pasar lo que le ha pasado al «faltonetti molt poc honorable» del Torra que ha nombrado consejero de Exteriores al septuagenario Ernest Maragall y lo primero que este ha dicho es que ofrece la nacionalidad catalana a baleares, aragoneses y valencianos. ¡Y ná más Ernesto! y no ha metido a los de Sicilia, Nápoles, Rosellón y la Provenza, porque está recién nombrado, pero en cuanto caliente motores... ya verán ya... que se vayan preparando los lapones. ¡Y es que hay que ver cada cosa! Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

 

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