Los peritos y el resurgir industrial de La Rioja

«La reapertura de la Escuela de Peritos Industriales de Logroño en 1951 representó la entrada en el mercado laboral riojano de nuevos técnicos cualificados y el inicio de una etapa esperanzadora para las empresas de la región»

El pasado mes de agosto, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad de La Rioja recibía de la Delegación del Colegio de Ingenieros Industriales de Aragón y Rioja su Diploma de Honor en justo reconocimiento «a su contribución al desarrollo industrial» de nuestra región.

Unos meses antes, en marzo, tuve el placer de asistir al acto celebrado en la Universidad de La Rioja para conmemorar el cincuenta aniversario de la última promoción de peritos industriales de Logroño, de la que fui profesor. Atendiendo con atención los discursos previos a la imposición de becas, debo confesar que mis pensamientos se trasladaron durante algunos momentos varias décadas atrás, cuando en los estertores de una larga y triste posguerra se volvía a poner en marcha la Escuela de Peritos Industriales de Logroño, una Escuela que también jugó en su momento un papel fundamental en el resurgir industrial de nuestra región.

Los años cuarenta habían sido especialmente duros para los pequeños y medianos empresarios riojanos, no solo por la falta de medios económicos sino también por la escasez de personal técnico cualificado en el mercado laboral. La dureza del examen de ingreso en las escuelas especiales para obtener el título de ingeniero industrial hacía que las promociones que terminaban sus estudios fueran muy reducidas. Los pocos alumnos que terminaban la carrera o bien se colocaban en organismos oficiales o ejercían la profesión en sus propias empresas.

En aquellos años, y hasta principios de la década de los cincuenta, los dos únicos centros que impartían enseñanzas técnicas y proporcionaban titulaciones oficiales en nuestra región eran la Escuela de Maestría Industrial (ubicada en la Escuela de Artes y Oficios y asistida y dirigida por peritos industriales de promociones anteriores a la guerra civil) y la Maestranza Aérea (ubicada en el aeródromo de Agoncillo y tutelada por oficiales y jefes del ejército del aire).

'Oficial industrial' y maestro de taller' eran las máximas titulaciones oficiales que se podían obtener en ellos. De aquella Maestranza Aérea procedían Valdecantos, Escudero, Mediavilla o Labarquilla, todos ellos maestros de taller que al reabrirse la Escuela de Peritos Industriales de Logroño en 1951 se incorporan a su plantilla docente como encargados de los talleres de carpintería, mecánica, forja y electricidad.

La reapertura de la Escuela de Peritos de Logroño en las especialidades de Mecánica y Electricidad (hasta 1964 no se implanta la de Electrónica) representa la entrada en el mercado laboral riojano de nuevos técnicos cualificados y el inicio de una etapa esperanzadora para las empresas de la región. El 20 de junio de 1951, durante la primera reunión del claustro de profesores, se da a conocer el contenido de la Orden de 28 de abril de 1951 por la que se restablece el funcionamiento de la Escuela de Peritos Industriales de Logroño en sus especialidades Mecánica y Eléctrica (BOE de 24 de mayo) que autoriza dicha reapertura.

Concebida en el plan de estudios de 1948 como una carrera técnica de cinco años (dos cursos comunes y tres propios de cada especialidad, más un examen de ingreso y un proyecto o trabajo fin de carrera de cuyo aprobado dependía la obtención del título), su estructura y composición académica se modificó en los planes de 1954 y 1957, hasta quedar establecida en un curso selectivo, tres de especialización y el proyecto o trabajo de fin de carrera. Pero lo realmente importante para la industria riojana de la época iba a ser las atribuciones de las nuevas promociones de peritos.

Como establecía la Orden Ministerial de 24 de junio de 1924, «cuando la potencia instalada no exceda de 100 HP, el número de obreros de 100 y la tensión eléctrica de 15.000 V, podrá sustituirse la firma de un ingeniero industrial por la de un perito industrial con título expedido por el Estado español y que esté al corriente del pago de la contribución industrial». Años más tarde, en 1967, las facultades se ampliarían hasta 250 HP, 100 obreros y 15.000 V (o 45.000 V en líneas de distribución y subestaciones eléctricas). Estas atribuciones profesionales, unidas a la diferencia salarial que suponía para un empresario la contratación de un ingeniero, empujó a las pequeñas y medianas empresas a contar con las nuevas promociones de peritos, que gozaron hasta mediados de los sesenta de una excelente proyección profesional al situarse la demanda muy por encima de la oferta de titulados.

Su labor en las pequeñas y medianas empresas les hizo merecedores del reconocimiento del mundo empresarial como impulsores necesarios de la industria riojana de aquellos años.

 

Fotos

Vídeos