ES UNA PENA

MARÍA JOSÉ GONZÁLEZ - EL TRAGALUZ

El despoblamiento amenaza a La Rioja y cada vez lo hace con mayor gravedad. Perder nuestros orígenes y tradiciones es una pena. Pero debemos asumirlo, ¿cómo luchar contra algo evidentemente endiablado? Los jóvenes están en el punto de mira y se les pide lo imposible: no salir de su pueblo, quedarse y formar una familia. Dedicarse a la ganadería, al agro o a los pequeños comercios de la localidad. Explíquenme: ¿cómo se les convence para algo así?

Quieren salir a ver mundo y es normal. Todos con 20 años teníamos planes idílicos en la cabeza: conocer culturas, aprender idiomas. Puede que luego la realidad nos pusiera a cada uno en nuestro lugar, pero por lo menos lo habíamos intentado. Discúlpenme si piensan que estoy siendo demasiado dura con nuestros pueblos, no es mi intención.

Ojalá pudiera contarles que conseguiremos reavivarlos y sacarlos a flote. Tal y como yo lo veo, eso sería más propio de la cabeza de un joven con sueños inasequibles. La realidad es esta y hay que afrontarla. La única manera de incentivar la permanencia de la juventud en los pueblos es a través de políticas que permitan a las empresas establecerse en las comarcas, 4G para los móviles, Internet y colegios. Así se enraíza uno.

Es una pena. Sobre todo, el hecho de que tengamos que asumir que, sin medidas valientes, no hay vuelta de hoja. Perder nuestra génesis, la casa de nuestros padres. Todo amenaza con acabar esfumándose. ¿Conocen la frase 'nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde'? A lo mejor malograr nuestras raíces es, simple y llanamente, lo que nos merecemos si no actuamos. Y con urgencia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos