Pa'fuera lo malo

Aitana Ocaña y Ana War de OT./Alberto Ferreras
Aitana Ocaña y Ana War de OT. / Alberto Ferreras
Alba Carballal
ALBA CARBALLAL

Como secuaz de Valle Inclán que soy, no me resisto a cerrar la trilogía maléfica iniciada hace dos días, me temo que involuntariamente, por las dos Rosas, Palo y Belmonte -no estoy hablando de flamenco-, en este mismo espacio. Si Belmonte hablaba de mujeres malvadas, que no siempre son feas; y Palo de un mal que a veces es católico, apostólico y romano; me temo que a mí me toca ponerme sentimental. Pero ojo, sin azúcar, que luego mandamos a Eurovisión a Amaia y Alfred y pasa lo que pasa. Pienso, más bien, en el «pa'fuera lo malo» que cantaban Aitana Ocaña y Ana War en aquel temazo veraniego que no llegó a representarnos en ningún festival.

Que los males vayan de dentro hacia fuera parece una buena idea, y si no que se lo pregunten a los andaluces, que por miedo al brote de listeriosis que ya ha afectado a cientos de personas están colapsando las urgencias con dolores inventados. Mi alma hipocondríaca está con ellos: yo es ver las fotos de los paquetes de tabaco y sentir un ardor infernal en la garganta, y eso que no fumo. Ayer decía Palo que el mal es relativo: lo que es desastroso para unos puede llegar a ser una bacanal para otros. Un grupo de exploración ha filmado el estado actual del Titanic, que ha sido corrompido -por el mar, no por la Comunidad de Madrid- y corroído por las bacterias. Está claro que en su día aquello no estuvo bonito, pero ver cómo los peces y las anémonas se han apropiado del casco 107 años después del accidente, llámenme cínica, tiene su gracia.

Y no sólo lo malo va de dentro afuera: a veces también salen a la luz, tras años de oscuridad, algunas joyas. Estos días se ha encontrado en Ámsterdam el archivo de la fotógrafa Kati Horna sobre la Guerra Civil. Háganme caso: si Aitana War hubieran conocido a Horna, le habrían dedicado su canción: fue rebelde, libertaria y feminista. Pa'mala yo.