De oposiciones y mentiras

«Los interinos dicen que han sido examinados día a día en su quehacer, pero seamos serios: ¿Controla alguien el desempeño de un profesor en el aula? ¿Puede un profesor mediocre ser apartado de su trabajo?»

Recientemente La Rioja publicó una carta de los interinos que se presentaron al concurso oposición de educación secundaria. En ella concluían que todo era mentira.

Repasemos sus argumentos. Decían que el primer examen era por azar, y que se hacía con unas bolas de bingo. Asociar el sorteo al bingo es una mezquina y falaz manera de decir que no se elige a los mejores sino a los que les sonríe la suerte.

El temario de las oposiciones de Geografía e Historia, por ejemplo, lo componen 72 temas. Se sortean y se eligen 5 temas, de los que el opositor desarrollará uno. ¿De verdad consideran que un sistema que les es tan favorable, en el que un opositor puede elegir entre ¡¡cinco!!, aquel que mejor se sabe es un bingo? ¿Una persona que no es capaz de desarrollar un solo tema con competencia está capacitado para dar clases? El azar se reduciría si se sorteara un solo tema y hubiese que desarrollar ese sin elección. ¿Aceptan ese sistema o lo que quieren es que cada opositor exponga el tema que se le antoje? Sí, evidentemente este último sistema rebajaría el azar a cero.

¿Y qué decir de la parte práctica? Dos obras de arte a elegir una, dos textos históricos a elegir uno y dos elementos de geografía a elegir uno. Cuando yo acabé la carrera -hace muchos años-, no había posibilidad de elegir, se tenía que comentar lo que te tocaba. Fueron los interinos los que modificaron el sistema para que fuera menos exigente...Y ahora tampoco les gusta este.

Hablan de su capacidad demostrada para dar clases, pero cualquier opositor ha debido superar un Curso de Aptitud Pedagógica con carácter previo para poder presentarse. Posteriormente, en el examen, debemos entregar una memoria de 60 páginas de didáctica y defenderla ante un tribunal. Por lo tanto, el que aprueba todas las fases no solo ha demostrado saber de su materia, sino que ha demostrado capacidad docente. Y sin embargo quedamos relegados a los últimos puestos porque no tenemos los puntos que da haber tenido la suerte de dar clases durante años. No solo nos superan los que han aprobado como nosotros, sino que los que han suspendido también nos superan por puntos acumulados. Y así haber aprobado todos los exámenes, incluso haber quedado dentro de plazas, como es mi caso, solo sirve para acabar relegado al fondo de una lista interminable en la que me superan personas que no han sido capaces ni de aprobar el primer examen.

Los interinos insisten en que ellos han sido examinados día a día en su quehacer, pero seamos serios: ¿Controla alguien el desempeño de un profesor en el aula? ¿Puede un profesor mediocre ser apartado de su trabajo? ¿Hay algún caso de profesor que ha accedido a una interinidad que haya sido apartado por sus pocas dotes para la docencia? ¿Quién dice que yo, u otro, no lo haríamos mejor?

Cuando los interinos cargan contra el sistema de oposición no están cargando contra el Gobierno -algo muy del gusto de la opinión pública-, cuando critican el sistema tratan de socavar aún más los derechos de los que, como yo, hemos aprobado y no tenemos puntos. Relegan a los chicos y chicas que han salido de las universidades, que han perdido otro año en sacarse el CAP y al menos otro más en prepararse unas oposiciones. Estos chicos y chicas, como yo, que tengo 52 años y me he quedado en el paro, tenemos mínimas posibilidades porque alguien llegó antes que nosotros y cree tener derechos adquiridos. Yo quiero oposiciones libres, y que el que me gane lo haga porque sabe más que yo. A mí me examinó un tribunal formado por cinco profesores, y concluyó que era apto para tener una plaza, pero la administración decide que los que han trabajado antes tienen más derechos que yo u otros como yo.

Y sin embargo entre los mismos interinos hay diferentes situaciones, no son un colectivo homogéneo. Hay interinos que en su día aprobaron sus exámenes, y víctimas de un sistema perverso, se vieron relegados por otros que tenían más puntos que ellos. Esas personas debieron obtener su plaza entonces, y sin embargo se ven obligados a opositar una y otra vez a la espera de acumular los puntos que les permitan conseguir lo que se les debió dar desde un principio. Pero hay otros interinos que tuvieron la suerte de ser llamados porque no se convocaban oposiciones y las listas se estaban agotando. Esto últimos no superaron los exámenes y sin embargo acumulan puntos que les sirven para perpetuar el orden de las cosas. Y esos también exigen que se les dé una plaza de funcionario arbitrariamente.

Mi hermana fue interina de administración general del Gobierno de la Rioja durante años. Cuando se presentó a las oposiciones y las aprobó no obtuvo ningún punto por los años trabajados: las aprobó porque fue mejor que los que quedaron por detrás de ella. Así pasa con la inmensa mayoría de las oposiciones de cualquier administración.

Resulta sarcástico que en el área concreta de educación, donde según la ley «debe prevalecer el interés del menor» -en este caso a ser enseñado por los mejores-, prevalezca el interés de los que han acabado siendo un lobby de presión. ¿Habrá algún Gobierno que ponga coto a esto?

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos