MIRLOS BLANCOS

TERI SÁENZ

El sueño recurrente de un partido a pocos meses de unos comicios y sin las encuestas atadas consiste en cazar un mirlo blanco. Un candidato respetado entre la sociedad civil, con el historial limpio de rencores internos y, a ser posible, propietario de un discurso fluido y un rostro amable. El clímax incluye que el aspirante parezca que abandona su zona de confort para ingresar en el proceloso hábitat de la política por propia voluntad. Que su compromiso es espontáneo y el aparato no ha intervenido en tentarle para dar un paso que puede colmar las expectativas electorales de las siglas con que decide concurrir o marcarle con un sello indeleble. El PSOE ha dado con uno de esos mirlos blancos en Pablo Hermoso de Mendoza, que ha florecido por sorpresa (sic) en las primarias para la Alcaldía de Logroño generando el primer efecto que persigue una operación así: un impacto mayúsculo que excita las posibilidades de triunfo. La noticia, que ahora muchos alardean conocer de antemano pero en el fondo ha cogido a contrapié a todos excepto a los pocos que la urdieron, topa con que su contrincante sea una Beatriz Arraiz de largo recorrido tanto en el Ayuntamiento como en el seno del partido a quien la maniobra deja desenfocada. La cúpula de Martínez Zaporta tiene ahora la tarea de defender que nada tiene que ver con la candidatura de Hermoso de Mendoza y aplacar el malestar de los militantes veteranos por el apoyo a un aspirante sin pedigrí en unas primarias, además, cargadas por el diablo que abren la decisión de quién será cabeza de cartel a una masa incierta y ajena al día a día del partido. Para guarecerse todos, ni la dirección ni los críticos piarán en público sobre mirlos blancos. Esperarán a que otros lo escriban.

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