Ministros de peso

La minoría del PSOE y los problemas del país demandan un Consejo de Ministros con personas de prestigio y autoridad

La promesa formulada por Pedro Sánchez ante la Constitución y el Rey dio paso ayer a los trámites de gestación del nuevo gobierno. Resulta conveniente que la celeridad en el cambio en la jefatura de gobierno se traslade a la conformación de este último. Ni el país tiene por qué esperar más tiempo del imprescindible para ello, ni el presidente Sánchez está en condiciones de dilatarse. Durante el debate de la moción de censura, Pedro Sánchez avanzó que su intención era constituir un gobierno de composición socialista. Los 84 escaños de que dispone el PSOE en el Congreso representan una base demasiado exigua para garantizar la gobernabilidad. También por eso adquiere especial relevancia la personalidad política y profesional de aquellos que designe para ponerla en práctica y procurar el máximo nivel de acuerdo parlamentario. Porque del prestigio y la autoridad individual de los ministros dependerá que la credibilidad del gobierno alcance más peso ante la sociedad y ante las demás instituciones. A la espera de que Sánchez defina concretamente cuál va a ser su acción de gobierno, el nuevo ejecutivo se encuentra con algunas líneas rojas que no debiera traspasar. La más objetiva está en los compromisos adquiridos en el marco europeo respecto a la consolidación fiscal. Porque si ya resulta más que dudoso que la aplicación de los Presupuestos 2018 pueda cumplir con los objetivos de déficit fijados, sería temerario introducir modificaciones que puedan dar lugar al mínimo descontrol. La segunda se extiende frente a la evolución de la crisis catalana. Sánchez ha hecho público su deseo de reconducir la confrontación existente hacia un tiempo de diálogo. Pero resulta esencial que tal anuncio no contribuya a disparatar las ansias independentistas. Otra línea tiene que ver con la conversión de los apoyos recibidos en una suerte de concesiones particulares, en tanto que ello podría resultar partidario y territorialmente agraviante, afectando negativamente a una acción de gobierno precisada de crédito. Y la última: no dar muestras de que la mezcla de sentido de la oportunidad y de golpe de suerte constituye su principal palanca electoral; incluido el señalamiento de la fecha de los próximos comicios atendiendo a intereses partidistas.

 

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