MIEDO EN LA GARITA

CARMEN NEVOT - ARRANCHAR A SON DE MAR

No es que dude de que ETA se haya disuelto, pero lo ha hecho derrotada, abatida por la democracia y por la tenaz persecución de policías, guardias civiles, jueces... y no por el falaz argumento de «abrir un nuevo ciclo político en Euskal Herria» (sic). Su destino estaba escrito hace años, las fuerzas y cuerpos de seguridad han ido tejiendo su final y la representación de su epílogo no ha sido más que un nuevo paripé al que han tenido que enfrentarse las víctimas.

Más de 800 muertos, eso sin contar los heridos que nunca olvidarán este episodio infernal de sus vidas, engrosan el sangriento historial de ETA y por ellos es nuestra obligación no sólo que ningún asesino quede impune, sino también que recordemos la historia tal y como ha sido, cruel y sangrienta. Que hubo asesinos despiadados que mataron indiscriminadamente y hubo cientos de inocentes asesinados. Que España, en general, pero sobre todo la sociedad vasca, vivió bajo la dictadura del terror y que fueron muchos los que cada día miraban los bajos de sus vehículos por si algún desalmado había alojado ahí una bomba lapa en la que fue, sin duda, la etapa más cruenta de ETA. Que las casas cuarteles ocupaban el centro de la diana, lo mismo que miles de concejales, socialistas y populares, que vivían con la permanente compañía de un escolta que les recordaba a diario que su vida dependía del energúmeno etarra de turno. Que en las hormigonadas garitas hacían guardia jóvenes que cada noche rezaban para no ser el siguiente objetivo. Que muchos tuvieron que abandonar su tierra para desterrar el miedo. Que nada tenía sentido y que, desde luego, lo ocurrido en España nada tuvo que ver con un conflicto, sino con la historia de unos iluminados.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos