Merkel contra Merkel

A punto de empezar su cuarto mandato, sabe que es la única líder europea con peso para relanzar la utopía europea

Durante los últimos años Angela Merkel ha tendido a favorecer el status quo y solo ha impulsado las reformas suficientes para que la Unión Europea no saltara por los aires. Durante la crisis de la moneda, Merkel no se acababa de fiar de las instituciones de Bruselas ni de los sucesivos gobiernos de Francia, y menos de Italia o España, los grandes con los que hipotéticamente podía establecer alianzas. Entre los ciudadanos alemanes no hay apetito por transferir mucho más poder a la Unión Europea y menos de ayudar más activamente a los países deudores.

Por el contrario, las poderosas regiones germanas reclaman frenar la regulación comunitaria. Hasta los liberales, un partido históricamente europeísta, se han convertido en euro-escépticos. A la derecha de la CDU mientras tanto ha crecido un partido ultra, antieuropeo y xenófobo dispuesto a desmontar la integración. Angela Merkel tiene argumentos para practicar este minimalismo, favorecido por su estilo de poder cauteloso y pragmático.

Desde un punto de vista económico, al primer país de la UE le va bien con una moneda común rediseñada poco a poco, basada más en la disciplina fiscal que en solidaridad financiera. Por eso llama la atención que al final de la cumbre de Tallin la canciller haya sentenciado «Europa no puede seguir igual». ¿Es posible que estemos asistiendo a la re-invención política de Merkel? A punto de empezar su cuarto mandato, sabe que es la única líder europea con peso suficiente para relanzar la utopía europea. Emmanuelle Macron tiene todavía que probar su condición de reformador de su país antes de aspirar al puente de mando supranacional. No obstante, la líder alemana ha querido dar la bienvenida a las iniciativas que ha propuesto su nueva pareja de baile en la Sorbona sobre el futuro de la UE. Aprovecha también la mejoría económica de la eurozona y que lo peor de crisis de refugiados queda atrás para ensayar un nuevo papel. Tiene a su favor que el 'brexit' está funcionando más como argamasa para la UE de 27 Estados que como dinamita y que ella se ve más libre de ataduras al iniciar sus posiblemente últimos cuatro años como jefa del gobierno.

De este modo, puede pensar más en su legado y no quiere dejar el recuerdo de una líder alemana que decía casi siempre «no», una política que salvó el euro pero dejó una gran brecha entre países virtuosos y derrochadores. Parte de la buena noticia para los españoles de una Angela Merkel impulsora de la integración es que rechaza plenamente el separatismo catalán. Su manera de entender el mundo pasa por hacer las cosas conforme a las reglas establecidas, tomándose muy en serio el respeto del Estado de derecho. En su reinvención aspira a unir y a restañar heridas, no a facilitar que se ahonde en las divisiones entre europeos.

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