Una medida inobjetable

El desvío obligatorio de camiones de la N-232 a la AP-68 recetado como paliativo a la recurrente y letal siniestralidad de la carretera nacional que atraviesa La Rioja de oriente a poniente alcanza mañana su primer año de vigencia con un balance tan concluyente que sólo cabe plantearse por qué esta medida no se adoptó unos cuantos muertos antes. El hecho de que las 14 vidas que el año anterior se quedaron en el asfalto se hayan visto reducidas a una avala como inobjetable una decisión que sin ser seguramente la óptima, en tanto que la liberación de la AP-68 sigue siendo una cuestión 'inabordable', fue la mejor de entre las posibles. Tanto debe ser así que ni siquiera el colectivo de transportistas, que ha visto incrementados sus costes laborales por esta reorganización del tráfico, ha discrepado sobre su oportunidad en su argumentario para pedir, y lograr en parte, el replanteamiento parcial de la norma. Son las empresas -gasolineras, talleres y restaurantes- que jalonan la N-232 en su tramo riojano y sus empleados los grandes damnificados por la implantación de la medida. Sufridores de un grave daño colateral de complejo resarcimiento dada la escasa permeabilidad de la autopista para permitir las entradas y salidas de los camiones sin obligarles a realizar largos recorridos por la nacional que serían una vuelta atrás imposible de justificar el día que la 232 se cobrase otra vida.

 

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