SAN MATEO EXPRÉS

TERI SÁENZ - CHUCHERIAS Y QUINCALLA

Si por el yayo Tasio fuera, San Mateo no duraría ni una semana ni diez días. Descartado el traslado del santo a alguna fecha estival donde el astro no sea tan traicionero para evitar una revolución católica, el abuelo es partidario de concentrar el programa en una sola jornada. Sabe que tampoco satisfaría a ese ADN tan logroñés con querencia a quejarse siempre por una cosa y la contrario, pero según su tesis ahorraría debates estériles y convertiría San Mateo en uno de esos virus de 24 horas que para cuando quieres darte cuenta lo que duelen ya se han pasado. La cosa empezaría (y acabaría) el 21 de septiembre. El disparo del cohete sería, como siempre, el punto de arranque en la plaza del Ayuntamiento. Sin solución de continuidad y aprovechando la excitación de la masa, se desmontaría el tinglado para dar allí mismo un concierto de postín con la respuesta del público al fin garantizada. Antes de los bises hay tiempo para desplazar al mogollón hasta El Espolón y celebrar solemnemente el pisado de la uva. De camino, propone agrupar en línea todas las degustaciones que ahora se reparten durante la semana al estilo de esos avituallamientos de la vuelta ciclista, pero recogiendo sobre la marcha panceta, choricillo y lomo con pimientos en vez de barritas energéticas. Al fondo, Gorgorito dando estacazos; en un lateral, las peñas de brinco en brinco; más allá, joteros exaltando los himnos locales; en algún hueco vacante, un Micky falso que venda globos a los niños mientras gira el tren chispita. Todo listo ya para la quema de la cuba y, aprovechando la noche, una única pero estruendosa ración de fuegos artificiales. La única duda de Tasio es en qué minuto libre pinchará Carlos Jean.

 

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