La marcha de Merkel

El anuncio de retirada de la canciller la desactiva desde ya como el referente que ha sido durante más de una década para la UE

La canciller alemana Angela Merkel anunció ayer su paulatina retirada. No se presentará a la reelección al frente de su partido, la Unión Demócrata Cristiana, en la conferencia del próximo 7 de diciembre y no concurrirá a los comicios generales previstos en principio para 2021. Su decisión parece hoy inevitable. Trece años al frente de la cuarta economía del mundo, pautando la respuesta de la UE a la crisis a base de una austeridad con pocos paliativos y tratando luego de mantener las puertas de Europa abiertas a los refugiados procedentes del otro lado del Mediterráneo desgastan a la persona y a la líder. El revés sufrido por la CSU en Baviera y el padecido en Hesse por la CDU el domingo explican el anuncio por adelantado de Merkel, aunque ella confiese que había tomado la decisión antes de verano. Querría proceder a una transición ordenada. Pero desde el mismo momento en que reveló sus intenciones es más que probable que sean otros quienes determinen su sucesión. Conviene recordar, además, que ya su partido había desatendido sus indicaciones al relevar al presidente del grupo parlamentario en el Bundestag. Pero la caducidad ineludible de la canciller -con la Gran Coalición haciéndose pasado- no obsta para que hoy Alemania y Europa experimenten sensaciones de orfandad. Porque ni siquiera la figura de Merkel, asociada a una austeridad sin más concesiones que los 'rescates país' o los bancarios, puede ocultar la evidencia de que por ahora no ha aflorado una alternativa mejor ni más sólida a su liderazgo. Merkel ha anunciado su retirada paulatina. Pero no podrá continuar operando como si nada. Alemania y Europa atraviesan momentos de convulsión y dificultades, ante las que pocos atenderán el magisterio de la canciller. Los altibajos diarios de la economía global, el 'brexit', las tensiones con Putin a un lado y Trump al otro -o al mismo-, la incesante corriente migratoria de fondo y el cuestionamiento populista o autoritario de la democracia liberal hacen que el anuncio de Merkel la descuente ya como referencia. Aunque ello conduzca a algo parecido al vacío en el liderazgo de la Unión Europea. Angela Merkel no es capaz ya de designar a quien la suceda al frente de su partido, a no ser que la sensación de orfandad haga girar la vista de sus cuadros y militantes hacia ella. Del mismo modo, queda en entredicho su intención inicial de continuar en la cancillería alemana durante casi dos años más. Tanto los avatares internos como las elecciones europeas de 2019 podrían desencadenar acontecimientos políticos que ya no se encuentran bajo el control de Merkel.

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